jueves, 29 de julio de 2010

POR EL DERECHO A SER FEO Y EXIGENTE

Ya sabemos que la belleza es relativa, según la cultura y los ojos de quien la aprecie. Y esto que escribo no es para hablar de la palabra belleza, ni para hacer claridad en el termino. Así que no pienso discutir con nadie que me critique el hecho de que yo use las palabras “belleza” o “fealdad” sin explicarlas, o porque no incluyo a los heterosexuales en el tema. 

Hace un tiempo, alguien me dijo que yo no era lo suficientemente bonito para exigir todo lo que le exijo a los hombres con los que quisiera tener una “relación”. Que no puedo exigirle nada a nadie con quien yo quiera interactuar solo porque no soy lo suficientemente bonito.

Esa idea la hubiera ignorado, ya que venía de un desconocido, si no fuera porque en otras ocasiones, distintas personas me habían insinuado lo mismo. 

Entonces, reaccioné. Me surgió una idea. Luego de insultar mentalmente al idiota que me había dicho “bonito a medias”, traté de calmarme, intentando captar el mensaje que había detrás de ese reclamo, de esa exigencia que era requerida de mi parte, para poder exigir de los otros.

“Debes ser bonito para exigir lo que quieras de los demás. Desde los aspectos físicos, o sea la apariencia personal, hasta los aspectos ideológicos”. Cuando entendí el mensaje subliminal, se me reveló una de esas piedras angulares que sostiene la ideología actual entre gays, y que por ser una ideología, se mimetiza en la cotidianidad, y es muy difícil no solo descubrirla, sino describirla y explicarla. 

Pensé en quién era el que me había dicho que yo no era suficientemente bonito. Primero que todo, era alguien más que suficientemente bonito. Buen cuerpo, cara de chico malo, actitud de “todo-lo-puedo” y con buena ortografía (Dios, que cosa tan difícil de encontrar). Eso si, de pocas palabras, porque bonito que se respete, poco habla, de pronto para no embarrarlas, o simplemente porque él sabe, o uno sabe, que no es requisito indispensable. 

Me transporté mentalmente a ese mundo desconocido en el que viven los lindos, mundo al que uno por ser feo no tiene acceso. Uno solo tiene derecho a mirar, pero no a tocar, aunque dicen que pagando uno si tiene acceso a estas especies.

Un mundo en el que ser bello es equivalente a tener una Visa Infinite social, donde por mi belleza, socialmente soy visto, apreciado, adorado, tenido en cuenta. No importa lo que yo diga, la mayoría de las veces tendré la razón, y si no la tengo, no me refutarán de frente.  

Un mundo en el que mis ideas, por más simples que sean, siempre serán vistas como algo tan único, tan interesante, que me sentiré casi al mismo nivel de esos feos que son súper sabios e intelectuales, solo que yo les ganaría por ser, además de todo, bonito. 

Pensaba entonces en los feos-y-gays de todo el mundo. Pensaba ¡Qué mala combinación para el mundo actual! Si uno que no es “suficientemente bonito” y lo tratan tan mal, ¿como será la vida de esos otros que no pasan el umbral de la belleza?.

Pero entonces dije; ¡Suficiente! ¡Es hora de hacer una revolución, para derrocar a los lindos del poder con el que manejan el mundo de los gays! ¡Será esta la revolución de los Feos y los No tan Feos! Para liberarnos de la opresión de los estándares a los que nos tienen sometidos. 
Lo primero, será tratarlos mal. Hacerlos sentir que no nos importan, ni su físico, ni sus palabras. Solo usarlos como objetos de satisfacción sexual.
Les haremos preguntas capciosas, para que digan más de lo debido, y podamos burlarnos de sus simpladas.
Los confundiremos hasta rabiar con exigencias imposibles para ellos. Como por ejemplo, les diremos que buscamos a alguien No religioso, No heterocurioso, Sin problemas de drogas, Sin problemas de alcohol. Sin tendencias políticas derechistas. Les diremos que no nos gustan los hombres tan musculosos, así los haremos sentir como en la dimensión desconocida. En fin, todo lo que sabemos que va de la mano con la belleza. Cualquier tipo de exigencias que les sea a esos “lindos” algo difícil de lograr. 
Con ello, aumentaremos todos sus complejos internos a tal punto, que empezaremos a ver la verdadera cara de la belleza. Les veremos inseguros, les veremos tartamudear, sus gestos simples ya no serán motivo de suspiro, sino de vergüenza ajena.

Volveremos al tiempo en el que, cada tipo de belleza particular, tenía su otra mitad compatible. Donde no se unían por consolación, por conformarse, sino porque mentalmente se es tan amplio, que el miedo al qué dirán desaparece. Donde el tener pareja y mostrársela a los amigos al estilo de un trofeo, sea una práctica que pierda total sentido.
Así como muchos tratados filosóficos, que han sido catalogados como Utopías, y por tanto invalidados para el conocimiento de la cultura general, seguramente mis ideas sean igual de ridiculizadas. Lo importante es que asumo la idea como posibilidad, ante un panorama de lo que yo he catalogado como una comunidad profundamente fragmentada.

Luego de tomarme mi tiempo para reflexionar, como cinco minutos después, empecé a escribirle mi respuesta a esa persona que había invalidado mis parámetros con los que se me ha dado la gana por mucho tiempo de buscar mi pareja ideal (cuando me da por buscarla). 
Le dije, “Que los feos también teníamos derecho a elegir, a ser exigentes”. Para así no entrar en los ahora comunes círculos viciosos del drama, donde personas con características disfuncionales empiezan siendo príncipes y terminan siendo unos completos cretinos. “Que los feos tenemos derecho a no conformarnos”, con las sobras humanas. Seres (una vez más) que terminan disfuncionales por estar en relaciones con “lindos” creyendo que todo lo que brilla es oro.

Por último le dije, que “Si en su lógica de interactuar o relacionarse con otros, o “exigir” algo de otro dependía de ser considerado bello, el que tenía un problema de percepción era él”. Porque nuestros parámetros son vistos como exigencias por quienes son incapaces de cumplirlos o personificarlos naturalmente con lo que el universo les dio. Y por quienes, como algunos trajes de alta costura, definitivamente, no están hechos a nuestra medida.