sábado, 21 de mayo de 2011

EL MERCADO DE LOS SUGAR BOYS


Gays de la ciudad, prepárense. Porque ha nacido y crecido entre nosotros, una especie de gay, que ha puesto en vilo las relaciones entre hombres, esta nueva especie de gay, y quienes los motivan crecer, han alterado la forma en cómo entre gays establecemos nuestras relaciones. En otras palabras los intereses por los que antes decidíamos estar con alguien, pueden ya no ser válidos, pueden ya no ser…suficientes.

Lo más crítico del caso, es que esta especie, que en sus inicios se pensaba adscrita a los gay de cierto rango de edad, se ha expandido hacia otras edades. Ya no son de 18 a 25, ya son hasta de 45 los que se consideran Sugar Boys.

Tal vez se pregunten quienes son los Sugar Boys, pero no se confundan, no estoy hablando de lo que en Colombia llamamos Prepagos o que internacionalmente se conocen como Escorts. Este tipo de gay a pesar de su atractivo, le falta cierta inteligencia, que es más bien cierta sensibilidad para lograr obtener lo que quiere de un Sugar Daddy. Lo que sí tienen los Sugar Boys, que además no buscan sobrevivir, sino que para su edad, son chicos con comodidades materiales.

No hablo tampoco del Gay for Pay, o sea del hombre que tiene relaciones con otro hombre por dinero. El Sugar Boy, por su lado, no solo tiene sexo con hombres a cambio de dinero u otras cosas, primero, porque éste no siempre necesita acostarse con otro para obtener lo que quiere, y tampoco se relega al ámbito privado en la vida de otro hombre. Aunque generalmente estas relaciones tengan un alto grado de privacidad, el Sugar Boy se puede ver a la luz del día.

Considero que el Sugar Boy surgió de una completa insatisfacción por los hombres de su edad. Dejó de esperar por tener las cosas que quiere de alguien, y no solo las cosas, sino que se cansó de esperar por el típico ideal del hombre sincero, soltero, atractivo y 100% gay. Se cansó de que lo dejaran plantado en las citas, de las charlas superficiales y las encuestas a las que los gay nos sometemos para encontrar a alguien medianamente similar. Se cansó de dudar de su atractivo, porque los de su ciudad siempre lo miraban mal o nunca lo tomaban en serio, se cansó de la mirada altiva de los que tienen más, o de los que no teniendo nada pero creyendo que son el centro de atracción de pueblo, se ufanaban de ser más importantes e interesantes que él.

Entonces se cansó de no encajar, pero sabía que no se volvería como los otros para sentirse incluido. El Sugar Boy decidió poner su mirada en lo alto y en lo lejano, para volver mejor, sin tener que pasar por ninguno de los personajes detestables de su pequeña ciudad, que solo inventan chismes, que son tacaños, que son malos polvos, y que son poco memorables.

El Sugar Boy decidió usar su inteligencia y sensibilidad, así como la belleza que es exótica para los ojos de los foráneos, en su meta de ser y tener. Y con suerte, encontrar ese hombre, de unas décadas de diferencia, a quien pudiera amar.
Pero la vida del Sugar Boy no es sencilla. En especial, cuando tiene tanta competencia. Y no me refiero solamente a los filipinos, que en el mercado son los más desesperados por encontrar Sugar Daddies. También están los chinos y japoneses lampiños, que son el fetiche preferido de los australianos y británicos. Un Sugar Boy latino, con la competencia mencionada, debe enfrentarse también a tipos de hasta 45 años, que con casa, carro y salario muy plácidamente se ofrecen para ser consentidos por cualquier Sugar Daddy generoso con preferencias más maduras. Uno podría pensar que solo los jovensitos son los que buscan que los mantengan, pero al ver que hombres mayores muy cómodamente buscan ser los mantenidos, uno no puede evitar sentir desazón al ver que como creíamos que era el mundo, resulta ser todo lo contrario.

A pesar de la competencia, los Sugar Boys que son conscientes de lo que tienen, que son profesionales en parecer novatos, son capaces de hacer que de tierras lejanas, venga alguien a verles, sin tener que moverse de donde están, sin molestarse con papeleos para pasar unas semanas de placer. Son capaces de generar cierta lástima sin parecer necesitados o urgidos de nada, y obtener regalitos. Esos regalitos son su truco. La lista de deseos de un Sugar Boy, mientras sondea a su amante, va creciendo paulatinamente en complejidad, y el Sugar Daddy puede no darse cuenta, o lo ignora, porque sabe que lo que tiene no lo puede perder tan fácilmente. Esa premisa la tienen los dos tácitamente bien clara, por eso no hay lugar a actitudes emocionales impulsivas, o inmaduras, pero sí se ejerce un control emocional que asegura el mantenimiento de las condiciones con las cuales los dos se alimentan.

El Sugar Boy se diferencia de un prepago porque el primero no tiene miedo de ser visto en público. Principalmente, porque los lugares a los que asiste un Sugar Boy, no son los mismos a los que asiste un prepago. Podemos ver prepagos en bares de la ciudad con hombres mayores, nada atractivos y con un mal gusto epidémico que hace evidente la relación tan dispar y utilitaria, los delata la incomodidad, esa incomodidad que cualquiera detecta. 
Mientras tanto, el Sugar Boy no se incomoda, menos cuando está acompañado de un hombre maduro que gana suficiente dinero para costearse un hombre joven, dinero que también lo invierte en verse bien, en ir a un mejor lugar y hasta en una ciudad distinta. El prepago es un desahogo temporal, el Sugar Boy es una distracción placentera más duradera. El prepago lo es por necesidad, en cualquier momento. El Sugar Boy lo es por gusto, en sus tiempos libres.

A pesar de las diferencias, estos prototipos de gays develan una verdad un poco incómoda para la imagen hipócrita de gay perfecto que a veces queremos proyectar a los demás. Pero además es casi una cachetada a la forma tradicional como pensamos que dos hombres se deben unir. Ahora, después de una pelea no es suficiente el sexo de reconciliación, ahora un gay lo suficientemente despierto pedirá un regalo de reconciliación. Ahora las cartas y chocolates no son suficientes para conquistar, ahora es necesario una visita a una tienda de ropa, seguida por una cena en restaurante con menú extranjero.

Pero esperen, ¿Acaso esto solo lo hacen los Sugar Boys? Me da la impresión que no es así. Es por eso que en ciertas ocasiones no vemos la diferencia entre unos y otros, pero con intentar espantarlos diciendo “No busco mantener a nadie” o “busco un hombre independiente” no lograrán escaparse de una relación utilitaria, todo lo contrario, solo dejarán ver lo tacaño que pueden llegar a ser, no solo en lo material, sino muy seguramente en lo emocional.

Por eso, es en cierta forma admirable ver que ciertos Sugar Boys asumieron su papel en el círculo de vida homosexual. Dejaron atrás una ilusión de alguien que tal vez nunca llegará, dejaron de esperar a que crecieran y maduraran los hombres de su ciudad, dejaron de buscar lo abstracto o profundo en esos hombres simples que abundan por todos lados, pero han persistido en la búsqueda de lo que quieren en su presente y que seguramente colaborará en su futuro, por ello creo que los Sugar Boy se convertirán en una especie de cazadores locales e internacionales de hombres, y más de uno tendrá que evolucionar, si no quiere que su hombre lotería le sea arrebatado por uno de ellos.