sábado, 4 de junio de 2011

SEXUALIDAD ENMASCARADA


Quienes realmente me conocen, saben mi posición frente a los gay que guardan las apariencias en su obsesión por la aprobación social de unos pocos. Mi crítica negativa a la idea del gay que se casa con una mujer y hasta tiene hijos con tal de ajustarse al rol de hombre que su sociedad le enseñó, pero que además sigue teniendo sexo con otros hombres,  es una crítica que me ha costado la desaprobación social de muchos de mis “congéneres”. Me di cuenta entonces, que no solo los hombres heterosexuales tienen un seguro cultural, sino que los hombres gay que pretenden jugar el papel de hombre heterosexual, también la cultura los protege, los defiende.

Como la cultura les defiende, vemos muchos gay, reprochando a quienes criticamos que un hombre no tenga los pantalones bien puestos para asumir lo que es, no solo privadamente, sino socialmente. Nos dicen que no es nuestro problema, que no sabemos por lo que pudo haber pasado ese hombre, que su familia no es tan “liberal” como la nuestra, que antes eran otros tiempos, o nos dan la típica razón prejuiciosa que la han querido convertido en una razón “lógica”: “Es que vivimos en una sociedad machista”.  
Si bien he perdido poco a poco mi interés por lo que hacen o dejan de hacer los gay de closet que son casados, porque meterse con ellos significa tocar la tan sensible maquinaria machista que los sostiene no solo a ellos sino a la idea del hombre que “debería ser”, es inevitable encontrar entre las falsificaciones del hombre heterosexual, unas muy malas imitaciones.

Comienzo diciendo, como a muchos de los gay les gusta decir que por ser gay no quiere decir que tengamos qué comportarnos como mujeres, que ser gay de closet en versión imitada de un heterosexual  tampoco quiere decir que tengan qué imitar hasta lo que los mismos hombres heterosexuales están desechando de su comportamiento.

Ser hombre heterosexual ya no quiere decir que obligatoriamente le tenga qué gustar el futbol, o que le tenga qué gustar el vallenato y la cerveza Aguila. Tampoco quiere decir que un heterosexual cuando guste de una mujer tenga qué hablar de ella como un objeto sexual, o referirse a ella como un ser inferior. Y es eso último lo que más decepción me da, al ver gays de closet que tratan y hablan entre amigos de mujeres como cualquier hetero vulgar de los años 80’s y 90’s.

La mala imitación de la actitud chabacana de un hetero común y corriente no solo es decepcionante sino que me da mucha risa. En especial, porque un hetero falso nunca está muy a la par de los temas de conversación de un hetero original. Fallan en algo tan simple como saber cuál equipo de futbol juega contra cual, y la duda silenciosa cuando no saben responder si salir temprano del trabajo para ver el partido con los heteros de verdad, son simplemente detalles en los que cae un gay en su intento por imitar algo que no es, por más que lo ensaye demasiado.

Otro aspecto que es supremamente incómodo para un falso heterosexual, es buscar una explicación qué dar de los nexos entre él y un gay que frecuenta. La típica excusa de presentarlo como “el familiar” queda inconcreta cuando no se es capaz de definir si es el tío, el cuñado, el primo, o el medio hermano perdido que viajó desde la Patagonia hasta Colombia para reencontrarse con él por un fin de semana,  y que sus compañeros de trabajo probablemente jamás vuelven a ver, porque resulta que “el familiar” sintiéndose tan al margen,  casi siempre silente por el poco interés de unirse a los temas de conversación tan aburridores de los heteros, quiera realmente irse a la Patagonia para nunca tener que volver a ver al tipo por el que tomó la pésima decisión de conocer. Al menos los gay que no fingimos, aceptamos nuestros errores.

Y aunque frecuentemente terminemos reconociendo que es un error meternos aunque sea en la cama con un gay casado, no nos debemos culpar, aún si el sexo tampoco fue muy satisfactorio. Los conflictos éticos o morales, en este caso a quienes somos gays libres de ataduras sociales no nos deben molestar. A quienes debemos dejarle los remordimientos de conciencia es a los falsos heteros, de quienes, como dicen sus defensores, no tenemos ni idea de qué pasa en sus vidas, en sus trabajos con sus amigos los heteros reales, con sus mujeres adorno y con su sexualidad gay reprimida que liberan cuando tienen un fin de semana o más días lejos de tanta falacia.