A quien quiero engañar… Nunca he sido una autoridad cuando de relaciones sentimentales se trata. Me he dado cuenta, ya que nadie opina al respecto cuando he tratado temas sentimentales en mi columna. Está bien, entiendo el mensaje.
Acepto que me ha ido mejor con el mercado extranjero que con el mercado local. Es cuestión de saber cuál es nuestro mercado, pero de esto tal vez hablaré en el futuro. Me ha ido más mal que bien con los hombres de mi ciudad. Pero he aprendido bastante de lo malo, y lo he usado para lo bueno con los hombres que realmente valen la pena. Entonces, comparto con ustedes algunas recomendaciones:
1. Quienes no hemos tenido una muy positiva historia en el mundo de las citas, principalmente es porque no somos radicales en aceptar sólo lo que nos gusta, lo que queremos, o a quien realmente queremos en nuestra vida. Es un acto de egoísmo, pero el egoísmo en la gente gay abunda, así que no perder tiempo, energías, dinero, recursos, motivaciones con gente que no vale la pena es siempre un paso adelante en relaciones más exitosas. (perdonen el tonito de libro de autoayuda en la palabra “exitosas”)
2. Como sabemos que hay gente que sale por “desparche” (odio esa palabra, pero para que entiendan, es como decir: quien no tiene nada mejor qué hacer) podemos encontrarnos con alguien que no sabe qué decir, qué preguntar. Usualmente son personas acomplejadas por mil cosas, que hacen preguntas tontas como de encuesta y que tienen menos personalidad que una escoba.
Son estos personajes los que preguntan de repente: ¿Y tú si crees en dios? Y en época de campaña electoral preguntarán: ¿Y por quien vas a votar? Personajes que basan su espiritualidad en la religiosidad o su postura política según el personaje popular de turno. Son los mismos que perfectamente puede apoyar a un candidato en contra de los gays, sólo por el hecho de que creen que en él reside la solución de todos los problemas en el país (y sólo al final se dan cuenta que lo dejó peor que antes).
Por lo general, estas conversaciones, en las citas especialmente, no son profundas ni estimulantes, sino que siempre me han dejado ver la insipiencia de las personas. Si dado el caso él es ultra conservador y ultra religioso pero usted es ateo y de izquierda, no le dé pena dejarlo claro. Si al otro no le gusta eso, asegúrese de pagar su parte de la cuenta y busque el momento para retirarse con dignidad. Es por eso que se recomienda dejar de un lado estos temas en una cita, aún más si es la primera.
Si quieren abordar esos temas, háganlo, sólo para darse cuenta que estas personas quieren obligarlos a pensar como ellos. Nunca falta el de las preguntas existencialistas, con ganas de convertirle la religión y la ideología política. No estoy en contra de las conversaciones sinceras y profundas, pero tengo muy claro después de varios intentos, que es mejor esperar un tiempo para abordarlas.
3. En cambio sí hay preguntas claves que uno debe hacer que ahorrarán mucho tiempo y sobre todo permitirán evitar malos ratos por algo que tal vez no les gusta.
Preguntas como: ¿fuma? ¿consume drogas? ¿tiene hijos? ¿tiene novio? (todos mienten en esa), o ¿es casado?, ¿Qué fetiches tiene? Ya que puede que no les guste que los esposen, les den látigo, los orinen, les chupen los dedos de los pies, entre tantas otras. ¿Dónde vive? también es clave. Porque una cosa es amor a distancia...otra muy distinta es un amor donde a uno le toca irse temprano porque luego no hay bus o taxi que lo lleve de vuelta a su casa. Con estas preguntas seguramente sabrán lo que se viene más adelante.
4. Absolutamente nada de niños. Esta recomendación va dirigida hacia personas entre 23 y 30 años. No para mayores de 40 años, porque sabemos que a estas personas les encanta el joven de 23 años para abajo. Habrán excepciones por supuesto. Quienes hemos comenzado a vivir nuestra sexualidad desde temprano, hemos pasado situaciones en donde lo máximo que podemos costearnos es una gaseosa en una banca de parque público, o una caminata por algunos centros comerciales para alimentar el ojo y antojarnos de lo que no podemos tener.
¿Nada sexy verdad? Y quienes están entre los 23 y 30 años siempre quieren avanzar (en ocasiones hasta trepar y escalar en toda situación), vivir “momentos especiales” en “lugares especiales” y no quisieran pasar por esas situaciones. ¿Que todo el mundo pase y vea a dos tontos sentados teniendo una cita en una silla de parque? ¡No gracias!
Dejó de ser romántico cuando los parques se empezaron a llenar de emos, ñeros y otras especies “exóticas” que ahora los habitan. No esperen que un niño salga con todo listo y preparado, mucho menos piensen que los van a invitar a ustedes, máximo hará la invitación al plan, pero el que va a terminar pagando por todo será siempre usted.
5. No gastar ni un solo peso en lugares donde ponga reggaetón, vallenato, rancheras o cumbias, por nada del mundo. Ni siquiera por hacerse el incluyente, el chévere, el mente abierta, o el aventurero. Sigo pensando que según el tipo de música que alguien escucha, se puede saber con qué tipo de persona se está tratando. Pero si a usted le gusta el perreo del reggaetón y las peleas a cuchillo que se arman donde se escucha vallenato o cumbias, bien pueda, si ese es su mundo, nadie lo culpará ni lo juzgará. Simplemente, no espere que alguien distinto de su círculo salga con usted si esos son sus gustos.
6. La siguiente recomendación la diré en inglés porque así es más chévere: “Don’t play hard to get with a man hard to get”, No juegues a hacerte el difícil con un hombre difícil de conseguir.
Y seguramente habrá el que se ría de esta recomendación, tal vez lo haga porque cree que puede con todos. Tal vez con todos los de su barrio y su bar más cercano si pueda, pero si no conoce lo que hay más allá de su casa, lo más probable es que no conozca tipos que a uno realmente lo pueden dejar con la boca abierta.
Por eso, si lo llegan a encontrar, no se las tiren de graciosos con las mismas ridiculeces que utilizan con los tipos corrientes que conocen en los sitios que comúnmente frecuentan. Lo mejor es dejarlo que nos sorprenda, dejarlo que lleve las riendas, y tener siempre la mejor actitud. Tengan la seguridad que lo que vivan con ese tipo de hombres jamás será comparable con lo que vivirán con cualquier otro.
7. Y debido a recientes incidentes, porque la gente ha cambiado, especialmente por culpa de dos aparaticos que odio, he decidido firmemente que no volveré a salir con alguien que le interese más estar pegado a su blackberry o su Iphone en vez de hablar conmigo. Me enferma ver a seudoautistas que se la pasan haciéndole risitas al blackberry, llorándole, haciéndole malas caras, y deprimiéndose porque lo dejaron botado, lo perdieron, o se lo robaron. Es hora de poner bajo control la tecnología. Tener un gesto dramático para hacerle ver al otro que reemplazar a un ser humano por un celular es un fastidio, nunca está de más.
Una cosa más al respecto de los celulares o los mensajes en general. Si un tipo es tacaño con las palabras que expresa en un mensaje, como si les cobraran por cada palabra escrita, bótenlo. Quien sabe en qué otras cosas será igual o peor de tacaño. Y nada más güizo que un tipo que manda un mensaje por cobrar porque no se le da la gana de gastar un mensaje o un minuto. Tacañería de la peor calaña, como cuando dicen: “Te timbro para que sepas que te estoy pensando”. Sí señores, eso pasa en la vida real, hay gente tan tacaña y patética.
8. Aprendan a detectar a los tipos deficiencias de atención, porque así como existen los que le prestan más atención a una panela electrónica, existen los que un día nos saludan, muy interesados nos hablan, dicen “hablamos otro día”, pero pasan los días y uno los ve ahí, pero nunca vuelven a hablar. Personas con ese síndrome que ven un día una cara y al otro la olvidan, son personas a las que no vale la pena prestarles atención, especialmente porque es conocido que les encanta “coleccionar” amiguitos. Personalmente no soy pieza de ninguna colección, y espero que ustedes tampoco aspiren a serlo.
Son sólo algunas ideas que ahora tengo más en cuenta que nunca, y si más personas las tuvieran, sé que no nos quejaríamos de lo mal que nos va, o de que nada parece funcionar con los hombres. He concluido que es mejor tener pocas citas que resulten positivas, a muchas citas que resulten decepcionantes o en una mala impresión que corra por toda la ciudad y que arruine las intenciones de cualquier incauto gay de la ciudad.