sábado, 11 de diciembre de 2010

MASTURBARSE O MORIR


Cuando me preguntan cuanto tiempo llevo soltero, y digo que han sido cuatro años, una de las preguntas que surge es ¿y cómo haces con el sexo? Me parece curiosa la pregunta, dado que todos sabemos que ni los heterosexuales necesitan casarse para tener hijos, ni los gays necesitan tener pareja para tener sexo.
Aún así, respondo; Me masturbo.

Así es, como muchos de ustedes lo hacen, y no lo dicen, o no lo aceptan. Y seguramente deben pensar “Es que eso es algo privado, es algo personal”, muy al estilo de lo que dicen los gays de closet al referirse a su orientación sexual cuando alguien les pregunta. Pero eso si, no es personal ni privado el dato de los centímetros del que ya sabemos, y que no se nos olvide mencionar el rol sexual. Esos si que son datos públicos, ¡Para que no se de lugar a las confusiones!

Por eso, siempre me he preguntando, ¿Por qué los gays hablan tanto de los veranos, y no hablan de la masturbación? ¿Que es entonces lo que realmente hacen en ese tiempo cuando no tienen con quien?
Hay dos extremos en cuanto al tema, que siempre me han molestado. Aquellos que se la pasan quejándose de sus largos veranos, y aquellos que viven buscando sexo. Los unos, viven hablando con sus amigos de que hace un mes nada de nada, con nadie (uno o dos meses les parece una eternidad), que no saben qué hacer, que se mueren. Los otros, que pululan en los sitios web de contactos gays, en vez de saludar, inmediatamente preguntan: ¿Edad? ¿Rol? ¿Tienes sitio?

Y los dos, terminan haciendo lo mismo: Masturbándose. Los unos, porque se aburren de esperar, y los otros, porque buscar no siempre significa encontrar, y se desahogan con algún video porno, o algún recuerdo vívido de la última experiencia sexual (satisfactoria). Por ello, no entiendo ni la angustia, ni el afán. No tiene sentido cuando para eso nos tenemos a nosotros mismos. Me puedo complacer tal y como quiero, sin hablar, sin pedir permiso, pero sobre todo, sin rogar.

Después de cuatro años terminé adoptando el lema, “Masturbation It’s Survival”, porque en inglés suena más bonito. La masturbación, es en definitiva nuestra arma sexual para sobrevivir a nuestros desbordados deseos.  
Nos permite sobrevivir a largos o cortos veranos, dependiendo de la percepción, sobrevivir a las enfermedades de transmisión sexual, hasta sobrevivir a los malos amantes o malos polvos que le llaman. ¿No es eso espectacular?

No vayan a pensar algunos ahora, que soy como esos gays que no tienen sexo real en vivo y en directo porque le tienen miedo a las enfermedades, o porque siendo de closet, como algunos sufren de delirios de persecución, prefieren el cyber sexo, o simplemente no tener contacto sexual alguno con otros hombres y se la pasan fantaseando nada más. Se trata es de que seamos sinceros de una vez por todas. Decir que nos masturbamos, una, dos, tres o más veces por día cuando nos place, cuando descubrimos que no es absolutamente necesario e imprescindible otro para complacernos o satisfacernos sexualmente.


Además, me he dado cuenta que el masturbarse regula el apetito sexual, así como regula la percepción y el deseo hacia otro hombre.
Puede que queramos tener sexo con alguien, por puro capricho, pero luego de masturbarnos, lo pensamos mejor, “¿Realmente quiero acostarme con él?”
Deberíamos usar la masturbación más a menudo para eso, cuando la razón no funcione muy bien. Así, podríamos evitarnos algunas decepciones, como que por necesidad hayamos pasado de querer acostarnos con Mr. Músculo a acostarnos con Mr. Barrigón.

Y algo de lo que tampoco hemos querido hablar abiertamente, es de las decepciones sexuales ¿por qué entre los gays se perciben tantas decepciones amorosas, pero no se perciben tantas decepciones sexuales? ¿Será que no las hay, o será que se evita el tema?
Porque no creo ser el único que se ha arrepentido de haberse acostado otro hombre.
Ese hombre que no es para nada agraciado, pero que tiene lo necesario para pasar el rato. Ese hombre protagonista de “El Primero Que Llegó”.

Aunque nos arrepentimos, nadie puede saber de esa vergüenza, porque para eso tenemos la doble moral; aunque no siempre es el otro el culpable, en nuestra versión de los hechos, el mal polvo siempre resuelta siendo el otro.

Entre todos los estereotipos que nos ha asignado la sociedad heteronormativa, así como entre los estereotipos que nos hemos asignado como gays, hay uno que en gran medida revela el por qué no hablamos de la masturbación, no hablamos de nuestras insatisfacciones sexuales, no las aceptamos y mucho menos hacemos algo para mejorar eso: El famoso estereotipo del gay promiscuo. Ese estereotipo con el que hemos luchado durante mucho tiempo, desde que asumimos la idea de que por ser gays debíamos ser sexualmente activos. Y sexualmente activos cada vez más jóvenes, ¿O debería decir, cada vez más niños?

Pero el problema no es la cantidad de sexo que tengamos, como si es un problema que vivamos solapando el hecho ante los heterosexuales, y mayor problema aún, que seamos sexualmente activos sin pensar ¿Nos sentimos realmente satisfechos después de tener sexo? Y si no, ¿Por qué no?
Porque en el ser sexualmente activo, está el ignorar al otro en gran medida, el ignorar la insatisfacción, creyendo que si uno no funcionó, al reemplazarlo por otro el problema acaba. Y pensar ingenuamente, que el número acumulado de compañeros sexuales nos hace más plenos o más expertos.

Seguimos viendo al mismo personaje buscando sexo en la página de contactos, que no sabemos si encuentra lo que busca, que no imaginamos su grado de insatisfacción sexual. Pero que seguramente termina buscándose a sí mismo, disfrutando de si mismo, sin condiciones, sin condón y lo mejor, sin cuota de motel. Y ya sea que se masturbe “porque le tocó” o por gusto, se masturbó, y sobrevivió, un día más.

Y si bien alguien dijo que para amar a alguien primero uno debe aprender a amarse uno mismo, yo diría que para amar a otro, se incluye el aprender primero a masturbarse uno mismo.

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