miércoles, 16 de noviembre de 2011

LA COMPETENCIA CON EL EX.


Cuando terminamos una relación, cuando terminamos mal una relación, quise decir, pronunciamos cosas muy crueles como “nunca encontrarás a alguien como yo”, “muérete maldito”, “te quedarás solo por el resto de tu vida”, “te odio, no te quiero volver a ver nunca más”, pero cuando pronunciamos esas palabras, no siempre salen como lo habíamos pensado. A veces, uno es el que termina; solo, muriéndose, de odio.  

Terminamos nuestras relaciones, y con ellas cambiamos, de amigos, cambiamos de lugar de residencia, cambiamos de estilo, de ideas, cambiamos nuestros sentimientos, y hasta cambiamos nuestros gustos por los hombres, ya sea que mejoremos o empeoremos. Y el otro hace lo mismo, el otro cambia, a veces demasiado, y si nos enteramos, sentimos como si una competencia interna hubiera comenzado.


En condiciones normales, un ex puede casarse mientras nosotros seguimos solos y buscando, o compró carro y nosotros seguimos andando en bus, o peor, a pié. Que antes era gordo, bajó de peso y sacó músculos, o que se fue del pueblo a vivir en la gran ciudad. ¿Pero qué pasa cuando por cosas de la vida alguna vez tuvimos ese ex con vena artística que termina siendo bastante popular? Si nosotros nunca pertenecimos al mundo del arte, que no pintamos, no cantamos ni en la ducha, que nuestro grupo de amigos se cuenta con los dedos de la mano, sobran dedos y ni siquiera salen con uno cuando los llamamos, ¿cómo superamos al ex?


Confieso que a veces he tenido alucinaciones en las que me encuentro a mi ex, a mis 40, él tendría…45, pero mientras yo llego en un carro negro (el color del carro es flexible) de vidrios polarizados, y lo veo en un parque, él está gordo y cansado con tres niñitos fastidiosos que se la pasan gritándole, mientras tanto salgo de mi carro, vestido espectacular…lo miro y le digo “D.B...vaya sorpresa, iba pasando por acá y te vi…estás irreconocible (con tono chillón sarcástico-hipócrita)…Hace como mil años que no nos vemos, espero que la vida te esté tratando muy bien, adiós” doy la vuelta y empiezo a caminar con una sonrisa confiada, de que, después de tantos años, fui yo quien gané “La guerra contra el ex”.
La realidad es otra, porque mientras en las películas que uno se arma en la cabeza, uno se encuentra con el ex en un bar o en un restaurante de alta categoría, y uno está radiante, vestido espectacularmente, en la realidad, uno se tropieza con el ex saliendo del trabajo y uno tiene cara de trajín, en el bus y a uno le toca irse parado, en la cafetería de cualquier lugar corriente y a uno le toca pedir lo más barato, o uno va solo por ahí, y el ex está con el nuevo, o en plan familiar, donde el par de niños resulta siendo adorable, y el fastidiado termina siendo uno.
Con las redes sociales es inevitable saber del ex, y más cuando de repente se vuelve famoso, y a veces solo se puede observar desde el otro lado y morir de envidia por no tener la misma suerte o no haber hecho lo mismo para llegar donde él está o más allá. Y en ocasiones no importa todo lo bueno que hayamos vivido, las experiencias nuevas, las citas exitosas, el buen sexo con otros amantes y los viajes con otros hombres con quienes pasamos momentos inolvidables, parece que la competencia con el ex es constante, y como el boxeo, un round lo gana él, otro yo, pero a fin de cuentas, la competencia está es solo en nuestra cabeza.
Lo que más me llama la atención, es que tanto el uno como el otro, hace después lo que nunca pudo o quiso hacer con su ex y lo hace con otros. No puedo negar que a veces pienso que me hubiera gustado hacer esto o aquello con él, por eso a veces me pregunto ¿alguna vez pensará lo mismo cuando se acuerda de mí?

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