Hoy me levanté pensando en mi presente, lo que me rodea en mi vida sentimental, y tengo una sensación de calma. Aunque no parezca por lo que relataré más adelante. No doy nada por sentado, precisamente por saber lo que he vivido en el pasado con los tipos, y siento que mi presente es relativamente mejor que mi pasado. Es que yo siempre he sido de los que me rijo por un mantra: “Siempre en evolución, siempre ascendente”.
Pero no siempre fue así. Estando arriba, también nos podemos ir abajo, y de vez en cuando, la vida nos manda un choque de realidad, recordándonos que allá afuera, aún hay situaciones y siguen habiendo tipos que son, literalmente, una mierda.
Perdonen la expresión, sé que nunca he escrito semejante palabra en mis columnas, pero debido a un evento reciente, recordé lo duro, lo complejo, lo insatisfactorio, y lo decepcionante que puede llegar a ser el conocer a alguien, y tal vez esa es la única palabra entre mi repertorio de groserías para describir la situación y al personaje a continuación.
Durante varios años, tuve citas con hombres de mi ciudad, la pequeña Bucaramanga, y todas fueron siempre un fracaso, excepto una, la que terminó convirtiéndose en mi primera pareja a finales del 2005. Pero fue después de él, que las personas que conocí, cada vez, resultaron peores. En esta ocasión, no fue nada distinto.
Y todos esos años, tuve amigos que estuvieron ahí, presenciaron mis fracasos, mi frustración y desesperación porque nada salía bien en mi vida romántica, mis pensamientos sin final respecto a lo que quería vivir, y los repasos constantes de todo lo que salía mal.
Lo peor de todo fue creer durante esos años, que yo era lo peor, que yo era el problema, que no valía la pena. Además, después de tantas personas que uno conoce, con el mismo resultado negativo, uno termina creyendo que es uno el que está fallado, y que por eso, uno nunca podría ser feliz con otro hombre.
Esos años transcurrieron hasta que de un momento a otro, empecé a conocer a hombres especiales que me hicieron ver la otra cara de la moneda en las relaciones entre gays. Y en el proceso, recuperé mi idea de lo mucho que yo valía, de lo especial que soy como hombre, como persona, que cualquiera sería un afortunado por estar conmigo. Estos hombres siempre me parecieron de otro planeta, pero no, eran reales, y pude ver, gracias a ellos, que no necesitaba volver a cometer los mismos errores del pasado, porque ya me sentía en otro nivel en todo sentido, mental, emocional, físico, social, etc.
Por más de dos años, me sentí cómodo, sentí que lo tenía todo bajo control, que tenía “poder” suficiente para tener a quien quisiera, sin mendigar las migajas emocionales de los perdedores de esta ciudad. Pero me equivoqué. Definitivamente, estar cómodo por mucho tiempo, le hace perder a uno la percepción de lo que sigue existiendo allá afuera, que es difícil, que los tipos son un complique, que son tacaños, que son malos amantes, que son perros, que son mañosos, que no se puede confiar en ellos.
Debo aceptar, que ya no tengo remedio, no confío en los hombres, es algo que asumo, y que no necesito de un psicólogo para que arregle ese problema, vivo bien así, de hecho la duda me permite ver lo que antes no podía ver por ser ingenuo o novato, me permite estar despierto y encender las alarmas cuando siento que algo no anda bien con alguien que conozco. Me mete en problemas, pero me saca a tiempo, no permitiendo que ningún tipo me afecte demasiado. Y es lo que a veces me sorprende de mí, que ningún tipo, jamás, ha podido joderme la vida como para perderme y terminar como tantos que vemos todos los días, que escuchamos sus historias, y de los que sentimos pena ajena, no nos digamos mentiras.
Esa desconfianza me llevó a esquivar de mejor manera a los solteros tóxicos, aunque de vez en cuando se coló uno que otro. Es que de la misma forma que uno puede conocer hombres que están cada vez mejor, también se pueden conocer hombres, que cada vez son de lo peor.
También soy consciente de que a mayor precisión en bloquear los intentos para que un desconocido pueda conocerlo a uno, ellos terminan con la impresión de que uno es “muy exigente”.
Repito, no confío en los hombres, y además, prefiero mil veces pasar por maldito, a que por ser permisivo con todo el mundo, dejar que un verdadero maldito me arruine con sus problemas de drogas, exceso de consumo de alcohol, que su gusto por el reggaetón y el vallenato destruyan mis neuronas por exposición a esos ruidos, o que tenga qué lidiar con los complejos de un tipo con personalidad incompleta que está en el closet y sufre de constantes delirios de persecución, o meterme con un tipo que dice ser muy macho, pero que cuando llega la hora de tener sexo, se acuesta como vaca muerta y no se mueve hasta que se viene. No gracias, he tratado de evitar todos estos personajes por años, y lo seguiré haciendo.
Si, ya lo sé, no todos son iguales. Si, también lo sé, los humanos no son cosas, no podemos generalizar. Ah, y también sé que no siempre se puede ser tan radical. Pero como digo; rechazando, rechazando, rechazando sapos asquerosos, se encuentra más rápido al príncipe, o al menos…a alguien decente.
En mi ciudad, es imposible ser uno mismo con los tipos. La mayoría vienen implantados con un chip, que los hace hipersensibles a “mucha personalidad”, tienen un umbral de personalidad muy bajo y cualquier cosa los fastidia. Y no se puede ser uno mismo, porque los tipos no son lo suficientemente maduros para ir más allá de primeras impresiones. Porque si algo hacemos los gays cuando conocemos a alguien, es sistematizarlo rápidamente en categorías mentales que no percibimos, y creemos que en pocos segundos, en pocos minutos, tan sólo en una primera cita podemos descifrar al personaje que tenemos en frente. Qué grave error. Y es por eso que dije, que no siempre se puede ser siempre tan radical, créanme, yo he aprendido la lección.
De hecho, si algo debo aceptar en mi vida, y no tengo problema en contarles a ustedes, es que el rechazo ha sido una constante en mi vida. Desde el principio de mi proceso saliendo del closet, a mis años en el colegio, hasta con los tipos que me han interesado alguna vez en la vida. A veces pienso que por ese constante rechazo, mis barreras con la gente son más altas de lo normal, barreras que natural y paulatinamente van cayendo conforme se establece el vínculo y la tan delicada confianza. Viviendo el constante rechazo, uno se acostumbra, se vuelve un estilo de vida, y uno puede llegar a aguantar muchas cosas que otros no. Mientras otros se traumatizan, uno se se para, se sacude, cojea, pero sigue.
En las relaciones, quienes hemos vivido el rechazo, sabemos cuándo aceptar la derrota, pero definitivamente, hay momentos en los que sabemos, que no era momento de ser derrotados y rechazados. Es ahí cuando debemos saber, que posiblemente hemos sido víctima de las excusas de un tipo. Y es que existen expertos para librarse de lo que no les gusta sin decirlo en la cara.
Creí que ya conocía todas las excusas típicas cuando alguien no quiere estar conmigo, pero hace poco confirmé que no, que me faltaba volver a la realidad y conocer el tipo, que para quitarse a alguien de encima, usa la excusa del ex novio que nunca ha podido superar. Pero claro, la usa sólo después de varios encuentros que incluyen cosas como tragos, cenas, y encuentros sexuales. Y por si acaso, aclaro que esto no fue asunto de una semana, ocurrió a lo largo de un año y terminó por resolverse hace unos días.
No puedo evitar preguntarme ¿cómo después de todo eso, a un tipo le entra la idea del ex, que le hace imposible hasta tener una amistad con alguien que conoce desde hace tiempo, con quien ha hablado de todo, con quien ha salido, con quien ha compartido hasta su propia cama? No sé ustedes, pero a mí me parece ilógico.
Mi ex por ejemplo ha sido memorable, pero su recuerdo jamás me ha impedido tener amistades ni siquiera pensar en nuevas posibilidades de una relación de pareja, al contrario, me motiva más a conseguirla. Yo siempre he sido práctico, por eso cuando no le gusto a alguien, prefiero que me lo digan (de hecho hasta incentivo a que lo hagan) lo más rápido posible, así me ahorro tiempo, dinero, y no malgasto mis emociones.
Pero ver cómo un tipo hace uso de habilidades actorales para inventarse que su ex se murió hace dos años y que sólo hasta ahora eso lo tiene impedido e incapacitado emocionalmente para involucrarse conmigo hasta amigablemente, insulta mi inteligencia. Lo que sucede, es que existe el tipo que quiere aprovecharse de otro, y para luego no ser considerado como la peor porquería, se comporta como una víctima, y busca la lástima del otro para que no hablen mal de él si por casualidad en este pueblo chico otro tiene el infortunio de conocerlo y coincidir con la opinión pésima que se tiene de él y se termine descubriendo la farsa de persona que es.
La historia de este personaje en cierta forma me dio pesar. Cuando lo confronté, me dijo que la imagen negativa que tenía de él, otros también la compartían. Pero si todos tienen el mismo veredicto, no tiene caso hacerse el niño incomprendido, especialmente cuando se bordean los 30’s.
Lo que me sucedió me hizo pensar en cómo nosotros manejamos nuestros recuerdos y lo que muchos no han podido “superar”. Yo fui uno de ellos, porque durante mucho tiempo fui uno de los patéticos que pensó en volver con su ex aunque jamás me volviera a dar ni siquiera la hora del día. Pero insisto, ese recuerdo jamás me impidió intentar de nuevo, por lo que no acepto que un imbécil me diera cuerda y luego me dijera que le dio un ataque de “exitis” (obsesión con el ex). Insisto en mi teoría, fue todo un show proveniente de alguien con inadvertidos problemas mentales y emocionales y mucha capacidad actoral.
Todo el asunto fue suficiente para recordarme mi pasado y por eso, sin más insistencia, dejé atrás, una vez más, a los perdedores e incapaces de este pueblo. Espero no volver a caer tan bajo, y espero que a ustedes tampoco les toque, porque lo que nos pasa en razón de otros tipos, es algo que a ellos no los hace sentir mal ni les importa en absoluto. Lo afirmo con conocimiento de causa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario