sábado, 18 de febrero de 2012

LO QUE CONTAMOS, Y LO QUE NO, DE NUESTRAS RELACIONES.


En estos últimos días he estado pensando en las relaciones que tenemos, las relaciones que contamos, y las que no contamos, como cuando alguien nos pregunta cuantas relaciones hemos tenido, y respondemos con el típico número: ¡el tres!. De las otras no hablamos, porque los gays manejamos dos tipos de cifras en nuestras relaciones, las cifras oficiales y las no oficiales.

Las relaciones que consideramos oficiales son de las que se entera todo el mundo. Las que no son oficiales son de las que nunca se entera la gente; ni siquiera los amigos más cercanos. Hay relaciones que por las condiciones inusuales en las que se gestan, aspectos como la distancia, o las diferencias en edad, la forma en que se conocieron por primera vez, los preconceptos de lo que consideramos ideal para asumir una relación, pero sobretodo la posible invalidación social de quienes ven con ojos ajenos esas relaciones, ponen en desequilibrio nuestras nociones de lo real o lo posible en una relación de pareja.

Pero debemos ser sinceros, ya no podemos creer que la relación perfecta es la que nace con dos personas que viven en un mismo barrio, que tienen la misma edad, los mismos antecedentes socio-culturales, las mismas aspiraciones, y las mismas condiciones económicas. Nosotros hemos diversificado el mundo, y con ello las relaciones han variado enormemente, a tal punto que apenas si tenemos idea de lo que nos gusta. Otros, ni siquiera lo saben.

En esa lucha entre lo que considero como una relación real o no, esto fue lo que me sucedió: 

Hace nueve meses, comencé una relación con alguien que había llegado a Colombia de otro país, a cumplir la promesa de un encuentro que habíamos acordado llevar a cabo. Estaríamos en una ciudad que tanto para él como para mí eran un poco desconocidas hasta ese momento, saldríamos a pasear por la ciudad, a disfrutar de cenas románticas, y a disfrutar de la intimidad entre dos extraños que sentían conocerse desde hace mucho tiempo. Cuando él partió de vuelta a su país, asumí que no lo volvería a ver, hasta cuando terminó volviendo, pero esta vez a mi ciudad, a Bucaramanga.

Cuando llegó, vivimos unos días comunes y corrientes, un tanto diferentes a esos días deslumbrantes de una ciudad cosmopolita de Colombia y tuve tiempo para experimentar lo que hace años no había podido: Hacer muchas cosas al lado de alguien que realmente quería, que realmente me gustaba, que realmente admiraba. En ese momento, decidí abandonar mi incredulidad que me había acompañado desde mi última relación, y creer que algo real se estaba gestando. Sin embargo las relaciones no son perfectas, ciertamente esta no lo fue. Y mientras pasaban los meses la relación se deterioró, el trato no era el mismo de los primeros meses, la distancia comenzó a pesarnos más, y las distracciones (otros tipos) comenzaron a aparecer de nuevo…

Las palabras, acciones, actitudes, o sensaciones que pueden hacer a una persona continuar a pesar de, o terminar una relación, varían en cada persona. Unos siguen con sus relaciones a pesar del maltrato verbal, otros siguen sus relaciones a pesar de la actitud de “soltero” del novio (mirones, coquetos con todo el mundo), algunos continúan sus relaciones a pesar de que terminen descubriendo que su novio no es exclusivo sexualmente, y otros simplemente, continúan sus relaciones a pesar de las dudas y las sospechas que nunca pueden confirmar de sus parejas. Algunos continúan relaciones que aunque no son emocionalmente satisfactorias para ellos, si lo son económica o socialmente.

Por otro lado, una persona puede decidir terminar la relación por las mismas razones: porque la persona que decía amarlo, lo ofendió verbalmente, o físicamente. Porque la sensación de desconfianza incrementada por la sensación de infidelidad o traición hizo imposible seguir pretendiendo que todo podía mejorar. Otros se cansan de depender económicamente de sus parejas y asumen el riesgo de seguir adelante ellos solos.

Pero estamos acostumbrados a aguantarnos todo. Nos aguantamos infidelidades, nos aguantamos el maltrato, nos aguantamos depender de lo que el otro diga o haga y que de acuerdo a eso actuamos. Nos aguantamos relaciones frías, pero le tenemos pavor a que nuestros amigos nos vean solos. Le tenemos pavor a la idea de no poder seguir pretendiendo tenerlo todo, le tenemos pavor a acabar con lo que no funciona y esforzarnos por construir algo mejor con otra persona distinta.

…En mi caso, creo que viví todo lo anterior que mencioné, bueno, excepto la violencia física (la ventaja de las relaciones a distancia). Me aguanté por un tiempo que él coqueteara con otros tipos, me aguanté insultos, y llegué a depender de lo que él hacía por mí. Pero después de unos meses de paz ficticia, comprobé con hechos que mientras decía quererme, quería a otros también. Por eso, tomé la decisión de terminar. Sé que no fui perfecto, porque también deseé otros hombres mientras estuve con él. Y creo que llega un momento en el que uno debe ser sincero y darse cuenta de lo de siempre: “Que esto no va para ningún lado”.

Y sin tener noción de la fecha que se aproximaba en ese lugar del mundo, terminé eso que llamé relación, días antes del famoso Día de San Valentín. No le presté atención a ese detalle, hasta esta mañana cuando llegó por correo una tarjeta, no sabía qué decir. -Es bonita-, pensé. En terciopelo y  cintas de encaje rojo, en el medio un corazón con una gema roja de plástico también en forma de corazón, y por dentro unas palabras. - Qué creativos se han vuelto en la industria de las tarjetas-, fue lo único que se me vino a la mente, y cuando leí lo que estaba escrito adentro, no sentí nada. ¿Decepción tal vez? Decepción porque al parecer los hombres con sus gestos simples pretenden conciliar el dolor con el olvido.

Al respecto, entendí algo nuevo: Cuando en nuestras vidas no hemos tenido grandes gestos de amor de otros hombres, cualquier gesto simple nos asombra. Pero no a mí. Sabiendo que mientras esa carta viajaba a mi casa, el otro estaba haciendo el papel de casanova con otros “amigos”…Y pensar que deseé algún día casarme con esa persona...

Sé que en la actualidad, el terminar y volver se ha convertido en un círculo vicioso, ya nadie termina una relación porque “uno nunca sabe”, pero como persona orgullosa que soy y un poco tradicional, con el hecho de terminar esa relación, le he dado un valor superior a dos cosas: mi dignidad y mi libertad. Sin embargo muchas veces las afectamos de manera negativa y no nos damos cuenta, solo nos percatamos de que existen, en momentos como este en los que presumimos estar más conscientes, donde hacemos promesas revolucionarias, libertarias…Hasta cuando llegue otro y dejemos que las pisotee. Pero por ahora mi dignidad y mi libertad están a salvo.

Cuando otro episodio de mi vida llega a su fin, no puedo evitar preguntarme acerca de lo que viene en el futuro. Sin embargo lo que me motiva es la idea de que siempre puede llegar alguien mejor. Esa idea me da optimismo, y cuando me sienta un poco mal,  para eso estará la canción  “I Will Survive” de Gloria Gaynor, pero sobre todo, espero que estén ahí mis amigos.

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