sábado, 5 de mayo de 2012

DECLARACIÓN A LOS COBARDES.


Anoche tuve una pesadilla, con un actor estelar: D.B, el ex del año 2005. Lo que me sorprendió fue la claridad de la misma, porque rara vez sueño con él (dormido), y cuando sucede, son sueños horribles. Una vez fue viéndolo a él en una casa inmensa, como si fuera un club, había mucha gente y una piscina en la terraza, y lo veía nadando con una mujer, feliz. Nada más mortificante que ver al ex feliz, con otro, u otra, especialmente en sueños, porque pasan en nuestra cabeza, en las noches, sin tener control de lo que soñamos a esa hora.

Esta vez, en el sueño los dos estábamos juntos, pero empezaba con él rogándome que volviéramos. Curioso porque todo lo que vivimos pasó hace tantos años, y que siga teniendo pesadillas con él de ese estilo no me agrada, pensar en ver a un psicólogo para que me explique lo que pasa no es para nada agradable, ¡los detesto! En la vida real él tiene la voz gruesa, pero en el sueño su voz era más suave, amigable por decirlo de una manera, no como en la vida real; gruesa…e indiferente.

Me veía en una casa de campo, pero como si fuera de décadas atrás, construida en madera desnuda, gruesa y de marrón oscuro, lo veía en la puerta, invitándome a salir, no recuerdo a donde. Luego me veía en el sueño besándome con él, rosando su cuerpo con el mío, como antes cuando éramos novios. En el sueño me trasportaba a lo que tuve en el pasado, esos meses donde todo era agradable, donde me sentía genuinamente amado, deseado. 
Pero cuando me desperté, me sentía traicionado por mi subconsciente, porque era como si no quisiera enterarse de lo que el consciente ya sabe, y es que esa persona me cambió por sus creencias religiosas.

Y es por esa historia que por fin, después de mucho tiempo, quiero poner los puntos sobre las íes a todos aquellos hombres que alguna vez estuvieron en nuestras vidas y no tuvieron en valor de afrontar la vida real al lado de uno, y que terminan escogiendo un camino más fácil. Este es un mensaje que dirijo en nombre de todos aquellos hombres que fueron cambiados por una religión, por los intereses familiares, por una mujer, o por el simple qué dirán. Esta es mi declaración a los cobardes.

Cuando nos cambian por otro, la idea es comprensible comparado a cuando nos cambian por un amigo imaginario. Solo siento impotencia y frustración por no poder darle una cachetada a esa entidad amorfa que una vez me quitó al primer hombre que amé de verdad. 
Años después, decidí que no me podía quedar solo con la explicación mítica de lo que pasó. Lo que entendí hace cuatro años me dejó claro que fuera un dios, fuera el dinero, fuera mi inmadurez, fuera lo que fuera, él nunca, nunca...intentó mejorar la situación entre los dos. 
Recuerdo muy bien que dijo “no puedo hacer nada”, cuando le dije que ya no podía seguir con él por como estaba nuestra situación sentimental. 

En ese entonces, no entendía la estrategia detrás de pronunciar esas palabras, llegaría a entenderlo por un capítulo de sex and the city, aun cuando muchos se burlen al decir esto. Esas palabras que son más vacías que el mismo silencio son las que usan los cobardes para terminar sin decir algo que pueda herir al otro, pero que al final suenan peor, por la indiferencia con la que son pronunciadas. 

A todos aquellos cobardes que han pronunciado esas palabras, les informo, que ya sabemos lo que significa, y que a estas alturas de nuestras vidas nos afecta tan poco como a ustedes. Así como con esas palabras ustedes avanzan al siguiente capítulo de sus vidas, nosotros también, aunque por no tener el corazón frío nos cueste un poco más de tiempo.

Entre los distintos tipos de cobardes, se encuentra por supuesto el tipo ambiguo, mejor dicho, el bisexual, pero no cualquier bisexual, sino el peor de todos; aquel que usa al hombre para el placer privado, y usa a una mujer para la aprobación pública, a la que a duras penas la toca en la intimidad, o mientras la penetra (analmente claro está) le toca pensar en un hombre para que no pierda la erección y la otra ilusa no se dé cuenta que al otro le gustan los hombres. 
A este cobarde, le informo, que todos sabemos quién es usted, excepto usted mismo, que se empecina en creer que los auténticos heterosexuales que lo rodean no son capaces de reconocer falacias cuando las ven.

A los queridos gays que se relacionan con este tipo de hombre, les sugiero que recapaciten, dejen de creer que todos los hombres que tocan se convertirán mágicamente en el hombre de sus vidas,  y dejen de creer que la conquista de un heterosexual es el fin último en la vida de un gay. La orientación sexual ajena se respeta, así como a ustedes no les gustaría que los convirtieran en heterosexuales. Cuesta mucho más conquistar a un tipo gay que es el paquete completo, al simple hecho de emborrachar, drogar, pagarle o rogarle a un heterosexual que se la deje mamar.

Ustedes nunca saldrán de la oscuridad, y nunca ocuparán el primer lugar en la vida de un hombre de ese estilo, aunque es totalmente respetable aquel hombre gay que por sus bajos estándares y alto conformismo, se contente con ser el segundón. Además, queridos gays, ustedes saben que la realidad dista mucho de la pornografía que ven. 
El “heterosexual” con el que se están acostando es más esa vaca muerta que se echa en la cama a que todo se lo hagan, hasta que se vienen y los dejan a ustedes insatisfechos con un orgasmo incompleto. Creo que ustedes pueden tener algo mejor que eso.

Otro tipo de cobarde, es el que por cuestiones familiares decide que uno no es suficiente, porque su familia no lo aprueba, porque no tiene el mismo estatus, o no es lo que creen que debería ser la persona que ellos merecen. 
Esta situación de las diferencias sociales es un fenómeno silencioso entre los gay. Si no eres “tanto” como el otro cree merecer, ese hombre nunca hará lo que por otro moriría hasta conseguirlo. ¡Despierten! todos los hombres gay tienen un interés, algunos lo tienen muy claro, que si no eres lo que ellos buscan, no importa cuánto te esfuerces, nunca serás suficiente. Y tengan cuidado, porque pueden terminar creyéndose el cuento e ignorar a quien si lo daría todo por ustedes.

El caso de aquel cobarde que me cambió por su religión, puede ser resumido de la siguiente forma. Cuando me involucré con él, sabía que había pertenecido a una secta religiosa. 
Lo que no supe sino hasta el final, por otros, fue que él desde muy temprana edad pertenecía a una familia religiosa, con una tradición muy arraigada, que haría imposible que un niño sin nada especial pudiera dar la batalla contra el amigo imaginario y una religión conocida por su lavado cerebral tan efectivo. 
Todo terminó en el caso típico, al cobarde se le despertó el espíritu santo y yo terminé reducido a un paria que sería olvidado e ignorado hasta el día de hoy. Seguramente aquel cobarde terminará casado, y con hijos. Repetirá seguramente la historia de tantos gays anónimos, que a sus cuarenta y cincuenta años le tocará conformarse con aventuras pasajeras con hombres que se conforman con ser el objeto de la satisfacción de un ser con represiones sexuales.

Entre otros cobardes, se encuentran los que tienen miedo de ser apedreados por coger de la mano a otro por la calle, o los que tienen miedo de que otros los chiflen si expresan su afecto besándose con otro hombre. Estos cobardes no saben dónde viven: en un país doble moralista donde la gente corriente solo es valiente en grupito, donde sus insultos monótonos ya no afectan ni al más recién salido del closet, y donde ya muchos heterosexuales no tienen los complejos que muchos gays se empeñan en mantener. 

No soy ignorante de que a los gays nos siguen matando, nos siguen acosando, nos siguen persiguiendo, y nos siguen reprobando. Pero eso solo existe por persistir en la costumbre de que las mayorías tienen la razón, de que las minorías deben guardar silencio y de que las mismas nunca pueden cambiar el mundo. Si quieren un mundo avanzado para “ser” con libertad, den un paso adelante primero, y el mundo avanzará con ustedes, cuando se decidan.

Otros cobardes son aquellos que nunca le expresaron a otro cuanto lo querían, cuanto lo deseaban. Y pueden haber miles de razones, cada uno de ustedes tendrá alguna para justificar el por qué desistieron de declarársele a alguien. Yo lo hice hace muchos años, y me costó no solo el rechazo del otro, sino la salida del closet por un error mío (tal vez lo contaré en un futuro), pero al menos lo intenté y aprendí una lección muy importante: Y es que no podemos estar con quienes no nos quieren, debemos estar con quienes sí.

No podemos seguir dándole más prioridad a las opiniones negativas de quienes no saben qué es lo mejor para cada una de nuestras vidas. No podemos seguir dándole prioridad a las amistades egoístas que no soportan la idea de vernos felices con otras personas que no sean ellos, yo lo aprendí en su momento con alguien que fue un gran amigo, y tal vez ustedes también ya aprendieron esa lección, pero otros no y ya es hora de que lo sepan.

Pero más que nada, no podemos seguir aplazando la oportunidad de ser quienes queremos ser. Mi declaración a todos aquellos cobardes, es que aunque les moleste todo lo que les digo, un día decidan dejar tantas fobias y complejos que otros abandonaron hace mucho tiempo y recuerden quienes fuimos los que los hicieron sentir lo que otros jamás podrán.

Reflexionando un poco en aquellos sueños que tuve, entiendo que es mi forma subconsciente de visitar el pasado con aquel personaje, sueños que a veces recrean mis peores miedos en las relaciones o que recrean lo que pude haber hecho si aquel cobarde me hubiera dado la oportunidad de hacer las cosas de forma distinta. No fue posible con él, pero seguramente será posible con alguien más…alguien que no tenga miedo de tomarme de la mano, de darme un beso, de decirme cuanto me quiere y demostrármelo, y de paso…al resto del mundo.

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