Para empezar quisiera aclarar que no estoy en contra del matrimonio entre personas del mismo sexo, o entre personas de orientaciones no heterosexuales. Considero que quienes aspiran a esta expresión de unión entre dos personas, deben tener el derecho de hacerlo, pero eso no quiere decir que por ser gay y apoye (aunque de lejos) la causa, no pueda criticarla, y que además no quiera o piense en casarme (no cazarme) con un hombre en el futuro, pero en la forma de matrimonio que quiero, no la que me dijeron que debe ser.
Hay algo en lo que no estoy de acuerdo, y es el hecho de imitar esta figura de unión entre dos personas, originaria de la sociedad heteronormativa. Especialmente, cuando estas parejas no cumplen con lo que es efectivamente el matrimonio; una unión entre dos y solo dos personas.
¿Creen que eso es algo nuevo para los gays? Absolutamente no. Hemos sido poliamorosos en la mayoría de relaciones que sostenemos en nuestras vidas, ¿Y ahora nos queremos meter en el costal de la monogamia? Eso es tan ilógico como pretender que Vishnu se ponga un chaleco con solo dos mangas.
Los heterosexuales tampoco son puramente monógamos cuando se casan, eso lo sabe todo el mundo, y todo el mundo ya se burla de la monogamia heterosexual especialmente cuando se trata del sexo monógamo, pero estos, más expertos en el matrimonio, han sabido mantener esta “institución” a lo largo de los años, bajo la falacia de que es única y exclusivamente entre dos personas. Pero no es así, y si que menos lo es entre las parejas gays, pero los heterosexuales “de mente abierta” nos siguen la corriente, mientras nosotros hacemos todo un espectáculo por el matrimonio entre dos personas…Ellos y ellas ya saben de qué se trata.
Sé de casos, que no vale la pena mencionar, en los cuales, dos hombres a pesar de estar casados, mantienen relaciones alternas, conservando solamente la “unión” legal y el lazo emocional que el tiempo y la costumbre puede dar a dos personas que se la pasan juntas.
Entonces no puedo evitar preguntarme ¿Por qué nos casamos, cuando no somos capaces de estar en pareja, y especialmente cuando ya hemos visto cómo los heterosexuales han fracasado en el mismo intento?
Sé que para aprender, no es únicamente necesario la experimentación, sino también es posible por medio de la observación y la experiencia de otras personas, lo que nos permite no solamente dejar de cometer los mismo errores, sino actuar de mejor manera, por lo que no entiendo por qué los gays insisten en casarse, si de antemano, con ejemplos de sobra, sabrán que el matrimonio entre dos personas es una empresa que en la mayoría de los casos, dejará más perdidas que ganancias.
Aún así, la gente sigue diciendo que “hay que tener fe”, que algunos matrimonios (heterosexuales) han fracasado, pero eso no quiere decir que todos vayan por el mismo camino, sin embargo, los datos no dicen que son solo algunos, sino que los divorcios son demasiados, y cada año van en aumento.
Pero, seguramente es por las ganancias que otorga el matrimonio, que a todos en algún momento de nuestra vida se nos ha metido la idea de casarnos.
Y no podemos culparnos. El matrimonio efectivamente provee algunas cosas fundamentales que como solteros no necesariamente podemos sostener con la misma facilidad: principalmente, al menos en el caso de dos gays con estabilidad económica, la unión de los bienes materiales incrementa la riqueza mutua. En la parte sexo afectiva, el matrimonio provee compañía durante el tiempo de convivencia continua, además de sexo permanente y garantizado, al menos a las parejas que no sufren de disfunciones sexuales, o de aburrimiento.
Pero qué pasa cuando eso no es suficiente, y buscamos algo más, o mejor, alguien más, ¿No estamos rompiendo la primera condición del matrimonio? ¿La monogamia sale volando por la ventana?
En la historia de la humanidad, la monogamia, no es tan antigua y única como la pinta la tradición judeo-cristiana. En el mundo han existido uniones diferentes, como la poligamia, en sus formas de poliginia y poliandria, la primera siendo el caso más predominante en las culturas de todo el mundo.
Por eso, no entiendo por qué, habiendo la posibilidad de diferentes uniones, los homosexuales decidieron luchar por la más simple e hipócrita; la monogamia.
Y lo digo en esas palabras, porque en una relación de dos hombres que se casan pero tienen amantes, en la mayoría de los casos es uno solo el que los tiene y es uno más que el otro quien motiva a una relación “abierta” pero con el mantenimiento de los intereses utilitaristas con los que se conformó la unión, sencillamente el matrimonio monógamo pierde sentido, porque la relación deja de ser de dos, y se convierte de tres, o de cuatro, y sin cláusulas de permanencia.
Los gays en su afán por ser normales, es decir, estar dentro de la norma, de lo común, creyeron que con el matrimonio lograban igualdad de derechos, libertad, triunfo sobre la homofobia, la discriminación y la ignorancia religiosa, pero en realidad han quedado encasillados en otra tradición, tradición que una vez más no confirma nada distinto a la forma de hacer de los heterosexuales. De hecho hay gays que ya piensan que el matrimonio es un deber en el camino a ser “felices” y “normales”. ¿Podemos soportar tanto cinismo? ¿Acaso empezarán a aparecer familias con hijos gays que los presionarán para que se casen y arreglarán matrimonios, como otrora, con los hijos heterosexuales?
Respeto el hecho de que las uniones entre dos personas del mismo sexo sean uniones de dos ciudadanos, no dos creyentes religiosos. Y lo siento, pero siempre me ha parecido que el gay-católico es una denominación que primero no va bien junta, porque es como cuando se ama al verdugo. Un verdugo histórico que muchos no queremos olvidar por la persecución de ayer y la hipocresía de hoy.
Pero no faltan, por supuesto, los gays católicos que anhelan casarse por la iglesia. Y bueno, en aras del respeto por la libertad de culto, no puedo hacer más que darles paso, pero repito, no voy a dejar de dar mi opinión del asunto.
No creo en el matrimonio que se mantiene a ultranza, y no creo en un matrimonio donde los intereses materiales son el principal motivante. Pero ese dilema de conciencia no me corresponde, le corresponde a quienes están casados, le corresponde a los “monógamos”. Aunque no me sorprende que los matrimonios gays que se forman con el paso del tiempo, hagan como los matrimonios heterosexuales más tradicionalmente “normales”; Que cuando todo va mal, y hay problemas lo mejor es guardar las apariencias.
Volviendo con el tema de otras uniones en la historia de la humanidad, algo similar pero a la vez muy diferente que explica la dinámica de las parejas casadas tanto heterosexuales como homosexuales, es el poliamor.
El poliamor es, palabras más palabras menos, una unión entre dos o más personas por medio de un vinculo afectivo sexual, sin necesidad de esas “ataduras” legales, que puede ser permanente o fugaz, pero que la mayoría de los casos es fugaz y relacionado directamente con el compartir momentos sexuales. No hay más garantías que las que ofrecen las emociones. Emociones que en los gays resultan altamente cambiantes.
Si existe el poliamor, ¿Para qué nos casamos? La respuesta parece obvia: Para mantener nuestros intereses materiales. Además, porque no nos gusta mucho la idea de tener algo y perder algo, por lo que se prefiere tener ambas cosas.
Un aspecto interesante de los matrimonios actuales que no son tan monógamos, es que siendo occidentales, imitan muy bien, excepto tal vez por la forma de vestir, a las uniones poligámicas musulmanas (que no se pueden confundir con las uniones poliamorosas), con algunas excepciones de países donde no es legalmente reconocida o socialmente aplicada. En estas uniones, generalmente poligínicas, el hombre casa una esposa, la divorcia, se casa con otra, la divorcia, se casa con otra y la divorcia, hasta casarse con una cuarta, sin divorciarse, y sin embargo, sin perder el vínculo con las demás esposas no solo emocional, sino material. Me pregunto si quienes se casan y además tienen amantes alternos verán alguna similitud con este tipo de unión.
Imagino a tantas parejas gays que en este momento están casadas en todo el mundo. Los imagino de todas las edades, tamaños y razas, y admito que el matrimonio es un fenómeno inevitable e imparable, pero no puedo dejar de ver sus vacíos, a pesar de pensar en que seguramente quienes decidieron dar ese paso, les ha costado bastante y que es gracias a la voluntades de quienes han luchado por lograr ese objetivo, y no fin, porque considero firmemente que nuestro fin último como homosexuales no puede ni debe ser el matrimonio y la adopción, pero insisto firmemente también en que si ha de hacerse así, ha de hacerse bien, es decir, cumpliendo el pacto como originalmente lo asumen quienes se casan, en pareja.
Pero no me llamen idealista, son los que se casan sin ser capaces de mantenerlo, los verdaderos idealistas.
El arco iris mareó a algunos más de la cuenta. En vez de hacerles ver con ojos nuevos el mundo diverso, tanto color los volvió daltónicos, sin la capacidad de diferenciar matices. Sin diferenciar que lo que buscan no es multicolor sino en realidad es blanco y negro, algo plano y nada creativo, al menos, para lo que como gays podríamos lograr en la sociedad.