Anoche tuve una pesadilla, con un
actor estelar: D.B, el ex del año 2005. Lo que me sorprendió fue la claridad de
la misma, porque rara vez sueño con él (dormido), y cuando sucede, son sueños
horribles. Una vez fue viéndolo a él en una casa inmensa, como si fuera un
club, había mucha gente y una piscina en la terraza, y lo veía nadando con una
mujer, feliz. Nada más mortificante que ver al ex feliz, con otro, u otra,
especialmente en sueños, porque pasan en nuestra cabeza, en las noches, sin
tener control de lo que soñamos a esa hora.
Esta vez, en el sueño los dos
estábamos juntos, pero empezaba con él rogándome que volviéramos. Curioso
porque todo lo que vivimos pasó hace tantos años, y que siga teniendo
pesadillas con él de ese estilo no me agrada, pensar en ver a un psicólogo para
que me explique lo que pasa no es para nada agradable, ¡los detesto! En la vida
real él tiene la voz gruesa, pero en el sueño su voz era más suave, amigable
por decirlo de una manera, no como en la vida real; gruesa…e indiferente.
Me veía en una casa de campo,
pero como si fuera de décadas atrás, construida en madera desnuda, gruesa y de marrón
oscuro, lo veía en la puerta, invitándome a salir, no recuerdo a donde. Luego
me veía en el sueño besándome con él, rosando su cuerpo con el mío, como antes
cuando éramos novios. En el sueño me trasportaba a lo que tuve en el pasado,
esos meses donde todo era agradable, donde me sentía genuinamente amado,
deseado.
Pero cuando me desperté, me sentía traicionado por mi subconsciente,
porque era como si no quisiera enterarse de lo que el consciente ya sabe, y es
que esa persona me cambió por sus creencias religiosas.
Y es por esa historia que por
fin, después de mucho tiempo, quiero poner los puntos sobre las íes a todos
aquellos hombres que alguna vez estuvieron en nuestras vidas y no tuvieron en
valor de afrontar la vida real al lado de uno, y que terminan escogiendo un
camino más fácil. Este es un mensaje que dirijo en nombre de todos aquellos
hombres que fueron cambiados por una religión, por los intereses familiares,
por una mujer, o por el simple qué dirán. Esta es mi declaración a los
cobardes.
Cuando nos cambian por otro, la
idea es comprensible comparado a cuando nos cambian por un amigo imaginario. Solo
siento impotencia y frustración por no poder darle una cachetada a esa entidad
amorfa que una vez me quitó al primer hombre que amé de verdad.
Años después, decidí
que no me podía quedar solo con la explicación mítica de lo que pasó. Lo que
entendí hace cuatro años me dejó claro que fuera un dios, fuera el dinero,
fuera mi inmadurez, fuera lo que fuera, él nunca, nunca...intentó mejorar la
situación entre los dos.
Recuerdo muy bien que dijo “no puedo hacer nada”,
cuando le dije que ya no podía seguir con él por como estaba nuestra situación
sentimental.
En ese entonces, no entendía la estrategia detrás de pronunciar
esas palabras, llegaría a entenderlo por un capítulo de sex and the city, aun
cuando muchos se burlen al decir esto. Esas palabras que son más vacías que el
mismo silencio son las que usan los cobardes para terminar sin decir algo que
pueda herir al otro, pero que al final suenan peor, por la indiferencia con la
que son pronunciadas.
A todos aquellos cobardes que han pronunciado esas
palabras, les informo, que ya sabemos lo que significa, y que a estas alturas
de nuestras vidas nos afecta tan poco como a ustedes. Así como con esas
palabras ustedes avanzan al siguiente capítulo de sus vidas, nosotros también,
aunque por no tener el corazón frío nos cueste un poco más de tiempo.
Entre los distintos tipos de
cobardes, se encuentra por supuesto el tipo ambiguo, mejor dicho, el bisexual,
pero no cualquier bisexual, sino el peor de todos; aquel que usa al hombre para
el placer privado, y usa a una mujer para la aprobación pública, a la que a
duras penas la toca en la intimidad, o mientras la penetra (analmente claro
está) le toca pensar en un hombre para que no pierda la erección y la otra
ilusa no se dé cuenta que al otro le gustan los hombres.
A este cobarde, le
informo, que todos sabemos quién es usted, excepto usted mismo, que se empecina
en creer que los auténticos heterosexuales que lo rodean no son capaces de
reconocer falacias cuando las ven.
A los queridos gays que se relacionan
con este tipo de hombre, les sugiero que recapaciten, dejen de creer que todos
los hombres que tocan se convertirán mágicamente en el hombre de sus vidas, y dejen de creer que la conquista de un
heterosexual es el fin último en la vida de un gay. La orientación sexual ajena
se respeta, así como a ustedes no les gustaría que los convirtieran en
heterosexuales. Cuesta mucho más conquistar a un tipo gay que es el paquete
completo, al simple hecho de emborrachar, drogar, pagarle o rogarle a un
heterosexual que se la deje mamar.
Ustedes nunca saldrán de la
oscuridad, y nunca ocuparán el primer lugar en la vida de un hombre de ese
estilo, aunque es totalmente respetable aquel hombre gay que por sus bajos
estándares y alto conformismo, se contente con ser el segundón. Además,
queridos gays, ustedes saben que la realidad dista mucho de la pornografía que
ven.
El “heterosexual” con el que se están acostando es más esa vaca muerta que
se echa en la cama a que todo se lo hagan, hasta que se vienen y los dejan a
ustedes insatisfechos con un orgasmo incompleto. Creo que ustedes pueden tener
algo mejor que eso.
Otro tipo de cobarde, es el que
por cuestiones familiares decide que uno no es suficiente, porque su familia no
lo aprueba, porque no tiene el mismo estatus, o no es lo que creen que debería
ser la persona que ellos merecen.
Esta situación de las diferencias sociales es
un fenómeno silencioso entre los gay. Si no eres “tanto” como el otro cree
merecer, ese hombre nunca hará lo que por otro moriría hasta conseguirlo. ¡Despierten!
todos los hombres gay tienen un interés, algunos lo tienen muy claro, que si no
eres lo que ellos buscan, no importa cuánto te esfuerces, nunca serás
suficiente. Y tengan cuidado, porque pueden terminar creyéndose el cuento e
ignorar a quien si lo daría todo por ustedes.
El caso de aquel cobarde que me
cambió por su religión, puede ser resumido de la siguiente forma. Cuando me
involucré con él, sabía que había pertenecido a una secta religiosa.
Lo que no
supe sino hasta el final, por otros, fue que él desde muy temprana edad
pertenecía a una familia religiosa, con una tradición muy arraigada, que haría
imposible que un niño sin nada especial pudiera dar la batalla contra el amigo
imaginario y una religión conocida por su lavado cerebral tan efectivo.
Todo
terminó en el caso típico, al cobarde se le despertó el espíritu santo y yo
terminé reducido a un paria que sería olvidado e ignorado hasta el día de hoy. Seguramente
aquel cobarde terminará casado, y con hijos. Repetirá seguramente la historia
de tantos gays anónimos, que a sus cuarenta y cincuenta años le tocará
conformarse con aventuras pasajeras con hombres que se conforman con ser el
objeto de la satisfacción de un ser con represiones sexuales.
Entre otros cobardes, se
encuentran los que tienen miedo de ser apedreados por coger de la mano a otro
por la calle, o los que tienen miedo de que otros los chiflen si expresan su
afecto besándose con otro hombre. Estos cobardes no saben dónde viven: en un
país doble moralista donde la gente corriente solo es valiente en grupito,
donde sus insultos monótonos ya no afectan ni al más recién salido del closet,
y donde ya muchos heterosexuales no tienen los complejos que muchos gays se
empeñan en mantener.
No soy ignorante de que a los gays nos siguen matando, nos
siguen acosando, nos siguen persiguiendo, y nos siguen reprobando. Pero eso
solo existe por persistir en la costumbre de que las mayorías tienen la razón,
de que las minorías deben guardar silencio y de que las mismas nunca pueden
cambiar el mundo. Si quieren un mundo avanzado para “ser” con libertad, den un
paso adelante primero, y el mundo avanzará con ustedes, cuando se decidan.
Otros cobardes son aquellos que
nunca le expresaron a otro cuanto lo querían, cuanto lo deseaban. Y pueden haber
miles de razones, cada uno de ustedes tendrá alguna para justificar el por qué
desistieron de declarársele a alguien. Yo lo hice hace muchos años, y me costó
no solo el rechazo del otro, sino la salida del closet por un error mío (tal
vez lo contaré en un futuro), pero al menos lo intenté y aprendí una lección
muy importante: Y es que no podemos estar con quienes no nos quieren, debemos
estar con quienes sí.
No podemos seguir dándole más
prioridad a las opiniones negativas de quienes no saben qué es lo mejor para
cada una de nuestras vidas. No podemos seguir dándole prioridad a las amistades
egoístas que no soportan la idea de vernos felices con otras personas que no
sean ellos, yo lo aprendí en su momento con alguien que fue un gran amigo, y
tal vez ustedes también ya aprendieron esa lección, pero otros no y ya es hora
de que lo sepan.
Pero más que nada, no podemos
seguir aplazando la oportunidad de ser quienes queremos ser. Mi declaración a
todos aquellos cobardes, es que aunque les moleste todo lo que les digo, un día
decidan dejar tantas fobias y complejos que otros abandonaron hace mucho tiempo
y recuerden quienes fuimos los que los hicieron sentir lo que otros jamás
podrán.
Reflexionando un poco en aquellos
sueños que tuve, entiendo que es mi forma subconsciente de visitar el pasado
con aquel personaje, sueños que a veces recrean mis peores miedos en las
relaciones o que recrean lo que pude haber hecho si aquel cobarde me hubiera
dado la oportunidad de hacer las cosas de forma distinta. No fue posible con
él, pero seguramente será posible con alguien más…alguien que no tenga miedo de
tomarme de la mano, de darme un beso, de decirme cuanto me quiere y
demostrármelo, y de paso…al resto del mundo.