sábado, 18 de agosto de 2012

RECOMENDACIONES ANTES DE UNA CITA.


A quien quiero engañar… Nunca he sido una autoridad cuando de relaciones sentimentales se trata. Me he dado cuenta, ya que nadie opina al respecto cuando he tratado temas sentimentales en mi columna. Está bien, entiendo el mensaje. 

Acepto que me ha ido mejor con el mercado extranjero que con el mercado local. Es cuestión de saber cuál es nuestro mercado, pero de esto tal vez hablaré en el futuro. Me ha ido más mal que bien con los hombres de mi ciudad. Pero he aprendido bastante de lo malo, y lo he usado para lo bueno con los hombres que realmente valen la pena. Entonces, comparto con ustedes algunas recomendaciones: 

1. Quienes no hemos tenido una muy positiva historia en el mundo de las citas, principalmente es porque no somos radicales en aceptar sólo lo que nos gusta, lo que queremos, o a quien realmente queremos en nuestra vida. Es un acto de egoísmo, pero el egoísmo en la gente gay abunda, así que no perder tiempo, energías, dinero, recursos, motivaciones con gente que no vale la pena es siempre un paso adelante en relaciones más exitosas. (perdonen el tonito de libro de autoayuda en la palabra “exitosas”) 

2. Como sabemos que hay gente que sale por “desparche” (odio esa palabra, pero para que entiendan, es como decir: quien no tiene nada mejor qué hacer) podemos encontrarnos con alguien que no sabe qué decir, qué preguntar. Usualmente son personas acomplejadas por mil cosas, que hacen preguntas tontas como de encuesta y que tienen menos personalidad que una escoba. 

Son estos personajes los que preguntan de repente: ¿Y tú si crees en dios? Y en época de campaña electoral preguntarán: ¿Y por quien vas a votar? Personajes que basan su espiritualidad en la religiosidad o su postura política según el personaje popular de turno. Son los mismos que perfectamente puede apoyar a un candidato en contra de los gays, sólo por el hecho de que creen que en él reside la solución de todos los problemas en el país (y sólo al final se dan cuenta que lo dejó peor que antes). 

Por lo general, estas conversaciones, en las citas especialmente, no son profundas ni estimulantes, sino que siempre me han dejado ver la insipiencia de las personas. Si dado el caso él es ultra conservador y ultra religioso pero usted es ateo y de izquierda, no le dé pena dejarlo claro. Si al otro no le gusta eso, asegúrese de pagar su parte de la cuenta y busque el momento para retirarse con dignidad. Es por eso que se recomienda dejar de un lado estos temas en una cita, aún más si es la primera. 

Si quieren abordar esos temas, háganlo, sólo para darse cuenta que estas personas quieren obligarlos a pensar como ellos. Nunca falta el de las preguntas existencialistas, con ganas de convertirle la religión y la ideología política. No estoy en contra de las conversaciones sinceras y profundas, pero tengo muy claro después de varios intentos, que es mejor esperar un tiempo para abordarlas. 

3. En cambio sí hay preguntas claves que uno debe hacer que ahorrarán mucho tiempo y sobre todo permitirán evitar malos ratos por algo que tal vez no les gusta. 

Preguntas como: ¿fuma? ¿consume drogas? ¿tiene hijos? ¿tiene novio? (todos mienten en esa), o ¿es casado?, ¿Qué fetiches tiene? Ya que puede que no les guste que los esposen, les den látigo, los orinen, les chupen los dedos de los pies, entre tantas otras. ¿Dónde vive? también es clave. Porque una cosa es amor a distancia...otra muy distinta es un amor donde a uno le toca irse temprano porque luego no hay bus o taxi que lo lleve de vuelta a su casa. Con estas preguntas seguramente sabrán lo que se viene más adelante. 

4. Absolutamente nada de niños. Esta recomendación va dirigida hacia personas entre 23 y 30 años. No para mayores de 40 años, porque sabemos que a estas personas les encanta el joven de 23 años para abajo. Habrán excepciones por supuesto. Quienes hemos comenzado a vivir nuestra sexualidad desde temprano, hemos pasado situaciones en donde lo máximo que podemos costearnos es una gaseosa en una banca de parque público, o una caminata por algunos centros comerciales para alimentar el ojo y antojarnos de lo que no podemos tener. 

¿Nada sexy verdad? Y quienes están entre los 23 y 30 años siempre quieren avanzar (en ocasiones hasta trepar y escalar en toda situación), vivir “momentos especiales” en “lugares especiales” y no quisieran pasar por esas situaciones. ¿Que todo el mundo pase y vea a dos tontos sentados teniendo una cita en una silla de parque? ¡No gracias! 
Dejó de ser romántico cuando los parques se empezaron a llenar de emos, ñeros y otras especies “exóticas” que ahora los habitan. No esperen que un niño salga con todo listo y preparado, mucho menos piensen que los van a invitar a ustedes, máximo hará la invitación al plan, pero el que va a terminar pagando por todo será siempre usted. 

5. No gastar ni un solo peso en lugares donde ponga reggaetón, vallenato, rancheras o cumbias, por nada del mundo. Ni siquiera por hacerse el incluyente, el chévere, el mente abierta, o el aventurero. Sigo pensando que según el tipo de música que alguien escucha, se puede saber con qué tipo de persona se está tratando. Pero si a usted le gusta el perreo del reggaetón y las peleas a cuchillo que se arman donde se escucha vallenato o cumbias, bien pueda, si ese es su mundo, nadie lo culpará ni lo juzgará. Simplemente, no espere que alguien distinto de su círculo salga con usted si esos son sus gustos. 

6. La siguiente recomendación la diré en inglés porque así es más chévere: “Don’t play hard to get with a man hard to get”, No juegues a hacerte el difícil con un hombre difícil de conseguir. 
Y seguramente habrá el que se ría de esta recomendación, tal vez lo haga porque cree que puede con todos. Tal vez con todos los de su barrio y su bar más cercano si pueda, pero si no conoce lo que hay más allá de su casa, lo más probable es que no conozca tipos que a uno realmente lo pueden dejar con la boca abierta. 

Por eso, si lo llegan a encontrar, no se las tiren de graciosos con las mismas ridiculeces que utilizan con los tipos corrientes que conocen en los sitios que comúnmente frecuentan. Lo mejor es dejarlo que nos sorprenda, dejarlo que lleve las riendas, y tener siempre la mejor actitud. Tengan la seguridad que lo que vivan con ese tipo de hombres jamás será comparable con lo que vivirán con cualquier otro. 

7. Y debido a recientes incidentes, porque la gente ha cambiado, especialmente por culpa de dos aparaticos que odio, he decidido firmemente que no volveré a salir con alguien que le interese más estar pegado a su blackberry o su Iphone en vez de hablar conmigo. Me enferma ver a seudoautistas que se la pasan haciéndole risitas al blackberry, llorándole, haciéndole malas caras, y deprimiéndose porque lo dejaron botado, lo perdieron, o se lo robaron. Es hora de poner bajo control la tecnología. Tener un gesto dramático para hacerle ver al otro que reemplazar a un ser humano por un celular es un fastidio, nunca está de más. 

Una cosa más al respecto de los celulares o los mensajes en general. Si un tipo es tacaño con las palabras que expresa en un mensaje, como si les cobraran por cada palabra escrita, bótenlo. Quien sabe en qué otras cosas será igual o peor de tacaño. Y nada más güizo que un tipo que manda un mensaje por cobrar porque no se le da la gana de gastar un mensaje o un minuto. Tacañería de la peor calaña, como cuando dicen: “Te timbro para que sepas que te estoy pensando”. Sí señores, eso pasa en la vida real, hay gente tan tacaña y patética. 

8. Aprendan a detectar a los tipos deficiencias de atención, porque así como existen los que le prestan más atención a una panela electrónica, existen los que un día nos saludan, muy interesados nos hablan, dicen “hablamos otro día”, pero pasan los días y uno los ve ahí, pero nunca vuelven a hablar. Personas con ese síndrome que ven un día una cara y al otro la olvidan, son personas a las que no vale la pena prestarles atención, especialmente porque es conocido que les encanta “coleccionar” amiguitos. Personalmente no soy pieza de ninguna colección, y espero que ustedes tampoco aspiren a serlo. 

Son sólo algunas ideas que ahora tengo más en cuenta que nunca, y si más personas las tuvieran, sé que no nos quejaríamos de lo mal que nos va, o de que nada parece funcionar con los hombres. He concluido que es mejor tener pocas citas que resulten positivas, a muchas citas que resulten decepcionantes o en una mala impresión que corra por toda la ciudad y que arruine las intenciones de cualquier incauto gay de la ciudad.

lunes, 28 de mayo de 2012

INJUSTICIAS CONSTITUCIONALES HACIA LA POBLACIÓN LGBT COLOMBIANA


Me pronuncio ante el caso de Chandler Burr, como gay, colombiano, a favor de la adopción por parte de parejas de homosexuales y lesbianas o personas solteras, debido a la incoherencia de la Corte Constitucional en negarse a garantizar ese derecho a dos mamás lesbianas que son pareja y son colombianas, mientras que si le garantiza el derecho a un hombre gay soltero, extranjero de origen estadounidense.


Por lo tanto: RECHAZO tajantemente la idea de que el caso Burr sea el precedente de la adopción por parejas del mismo sexo en Colombia, y me niego a pensar que él sea el referente principal en la materia. Si bien los argumentos jurídicos para todos los casos demuestran que la adopción por parejas del mismo sexo es totalmente posible, el hecho de que la Corte Constitucional se haya pronunciado a favor de un caso y en contra de otro demuestra claramente que por fuera del papel y las garantías jurídicas constitucionales, lo que entra a pesar a la hora de la favorabilidad o no en un caso de tanta importancia como lo es la adopción por parejas homosexuales, es la influencia individual que cada caso pueda tener.

Mientras las influencias personales de la profesión del señor Burr lograron que su caso sonara a nivel internacional en los medios de comunicación más importantes y que esto incidiera en la resolución exitosa de su situación parental, el caso de dos mujeres lesbianas que llevan tres años luchando por la validez legal de la adopción, apenas suena en las esferas colombianas de los grupos organizados por la defensa de los derechos de las personas LGBT.

Hago un llamado a todos los teóricos de la homosexualidad, a los defensores de la población LGBT, a que despierten, a que por querer ver un mejor panorama para nosotros, hagan o pretendan hacer de casos ajenos un precedente de algo que para una pareja de mujeres lesbianas y colombianas aún no es una realidad. Seguramente para muchas más parejas del territorio colombiano tampoco lo es.

Se está descuidando lo que con todo su poder e influencia podrían hacer por ellas y ellos. Me parece una total injusticia hacia la ciudadanía de estas mujeres que públicamente han emprendido la lucha y han sido ignoradas, mientras que a un gringo, hasta la clase política le hizo la venia.

sábado, 5 de mayo de 2012

EL SILENCIO DE LAS MUJERES.


Parece que no es suficiente que las mujeres de este país sean víctimas de la cultura machista que las rechaza para realizar ciertos trabajos, que les toque comer menos por darle la porción más grande a los hombres que viven con ella, que las manoseen en la calle, en el bus, que les griten en la calle, que se les acerquen a fastidiarla, que las critiquen por cómo se visten, que las violen desde pequeñas hasta ser mujeres adultas, que no puedan decidir sobre sus vidas y sus cuerpos, que las consideren botín de guerra, que las exploten laboralmente, sexualmente, emocionalmente, que tengan que soportar la violencia de sus compañeros, los insultos de sus hijos. 

Ahora también tienen que aguantar ser víctimas de los hombres gays que las usan como pantalla para tapar los complejos y la identidad irresuelta de tantos hombres mayores mas no maduros que por ideas del siglo pasado que atormentan sus mentes y no los dejan ser, utilizan a mujeres como una especie de comodín social mientras se la pasan buscando ansiosamente hombres con quienes acostarse mientras su esposa está trabajando, viajando, o mientras ellos inventan viajes de trabajo, reuniones importantes u otras excusas rebuscadas para hacer lo que muchos hombres gays viven sin tanto misterio, más naturalidad pero sobre todo con más valentía.

No me hablen de lo que pasa en oriente, que ya estoy harto de las excusas patéticas para justificar el uso de mujeres para tapar sus verdaderos deseos sexuales. Tampoco me hablen de la cultura machista, de la religión, del gobierno, de la homofobia, de la imagen que tienen otros de los gays.

Ya estoy harto de ver a tantos gays dándole concesiones y mayor importancia a todo lo que está en contra de ellos en vez de aliarse con quienes luchan porque cada día los gays puedan hacer con más libertad lo que ustedes tanto practican sin tanto pensar en lo que otros dirían: sexo en baños públicos en posiciones incómodas.

Si pueden hacer eso, aún en el closet, no entiendo por qué no pueden hacer el resto y peor aún, que para hacerlo tengan qué meter a una mujer en la ecuación, porque aunque no quieran aceptarlo, ella sigue existiendo en sus vidas, por más de que su misoginia, la fobia por la vagina y desesperación sexual hagan que la ignoren por completo.

Ustedes son quienes por lo general se quejan desde el anonimato de la mala imagen que un tipo gay da hacia la comunidad heterosexual, son quienes se les baja la presión cuando ven los desfiles del orgullo porque no son lo que ustedes creen que deberían ser y les fastidia que las cosas no son como ustedes quieren. Resulta, que los otros gays que tanto les fastidian están ejerciendo dos de tantos derechos constitucionales en Colombia; el del derecho a la protesta y el del libre desarrollo de la personalidad.

¿Les sabe a cacho esa frasecita? Pues a muchos de nosotros nos sabe a cacho escuchar mujeres que se suponían nuestras aliadas en la lucha por una sociedad más equitativa y justa, que están cansadas de descubrir que los tipos con los que se metieron resultaron gays, que se sienten engañadas y odian a los hombres por las mentiras de un tipo sin personalidad para asumir su orientación sexual, que se sienten desoladas al verse con sus hijos y abandonadas por un tipo que a sus 40’s se le despertó el gay interior y la dejó por irse de aventura con su amante de veinti-tantos.

Estas mujeres se callan muchas veces porque simplemente no saben qué hacer ni cómo afrontar esa situación. Aunque estas mismas mujeres ya están escribiendo en revistas “Cómo descubrir que tu marido es gay” ¿Y ustedes siguen creyendo que sus aventuras solapadas siguen pasando desapercibidas o no maltratan a las mujeres? Sin embargo sus artículos no pasan de la vergüenza que expresan al verse envueltas en semejante decepción, lo que hace darme cuenta que ciertas mujeres siguen resignándose en silencio a avanzar, sin reclamar, sin quejarse de lo que les molesta, porque en un mundo de hombres, a una mujer la ridiculizan, la consideran tonta por no tener radar para distinguir entre un gay o un hetero y la terminan invalidando.

Piensen de nuevo quienes están causando más daño a la imagen que tienen los heterosexuales de los hombres gay. ¿Será que les importa más lo que digan los hombres heterosexuales porque son con quienes fantasean conquistar algún día, que les importa poco lo que una mujer heterosexual pueda pensar, decir o hacer en contra de los gays?

Pensemos también si nos gustaría que alguna de nuestras hermanas, primas, amigas, fueran usadas como títere para aparentar frente a otros, solo por la tan anhelada aprobación social que muchos gays no han podido encontrar dentro de sí mismos. No creo que seamos tan insensibles como para decir que no nos importaría.

A estos hombres gay de closet, casados, y a veces con hijos, les digo que no tienen ni idea de cuanto más daño hacen a la imagen de los gay que aquellos afeminados o masculinos que ondean banderas de orgullo a mitad de año mundialmente. No me interesa en absoluto que algunos gays se pongan en mi contra por lo que digo, o que minimicen con argumentos el problema, pero ya es hora de que las mujeres rompan el silencio y les hagan ver que en el camino del autodescubrimiento, las mujeres pantalla no son necesarias, lo que se necesita es tener los pantalones bien puestos, ser hombre y afrontar la vida de frente, si tan machos se consideran.

Considero que es tiempo de pedir disculpas a todas esa mujeres afectadas en el camino, ya no podemos seguir tapando el sol con un dedo, ya por muchas otras razones son víctimas de los hombres, como para que nosotros vengamos y les sigamos complicando sus vidas, cuando el enredo es nuestro…de nadie más.

DECLARACIÓN A LOS COBARDES.


Anoche tuve una pesadilla, con un actor estelar: D.B, el ex del año 2005. Lo que me sorprendió fue la claridad de la misma, porque rara vez sueño con él (dormido), y cuando sucede, son sueños horribles. Una vez fue viéndolo a él en una casa inmensa, como si fuera un club, había mucha gente y una piscina en la terraza, y lo veía nadando con una mujer, feliz. Nada más mortificante que ver al ex feliz, con otro, u otra, especialmente en sueños, porque pasan en nuestra cabeza, en las noches, sin tener control de lo que soñamos a esa hora.

Esta vez, en el sueño los dos estábamos juntos, pero empezaba con él rogándome que volviéramos. Curioso porque todo lo que vivimos pasó hace tantos años, y que siga teniendo pesadillas con él de ese estilo no me agrada, pensar en ver a un psicólogo para que me explique lo que pasa no es para nada agradable, ¡los detesto! En la vida real él tiene la voz gruesa, pero en el sueño su voz era más suave, amigable por decirlo de una manera, no como en la vida real; gruesa…e indiferente.

Me veía en una casa de campo, pero como si fuera de décadas atrás, construida en madera desnuda, gruesa y de marrón oscuro, lo veía en la puerta, invitándome a salir, no recuerdo a donde. Luego me veía en el sueño besándome con él, rosando su cuerpo con el mío, como antes cuando éramos novios. En el sueño me trasportaba a lo que tuve en el pasado, esos meses donde todo era agradable, donde me sentía genuinamente amado, deseado. 
Pero cuando me desperté, me sentía traicionado por mi subconsciente, porque era como si no quisiera enterarse de lo que el consciente ya sabe, y es que esa persona me cambió por sus creencias religiosas.

Y es por esa historia que por fin, después de mucho tiempo, quiero poner los puntos sobre las íes a todos aquellos hombres que alguna vez estuvieron en nuestras vidas y no tuvieron en valor de afrontar la vida real al lado de uno, y que terminan escogiendo un camino más fácil. Este es un mensaje que dirijo en nombre de todos aquellos hombres que fueron cambiados por una religión, por los intereses familiares, por una mujer, o por el simple qué dirán. Esta es mi declaración a los cobardes.

Cuando nos cambian por otro, la idea es comprensible comparado a cuando nos cambian por un amigo imaginario. Solo siento impotencia y frustración por no poder darle una cachetada a esa entidad amorfa que una vez me quitó al primer hombre que amé de verdad. 
Años después, decidí que no me podía quedar solo con la explicación mítica de lo que pasó. Lo que entendí hace cuatro años me dejó claro que fuera un dios, fuera el dinero, fuera mi inmadurez, fuera lo que fuera, él nunca, nunca...intentó mejorar la situación entre los dos. 
Recuerdo muy bien que dijo “no puedo hacer nada”, cuando le dije que ya no podía seguir con él por como estaba nuestra situación sentimental. 

En ese entonces, no entendía la estrategia detrás de pronunciar esas palabras, llegaría a entenderlo por un capítulo de sex and the city, aun cuando muchos se burlen al decir esto. Esas palabras que son más vacías que el mismo silencio son las que usan los cobardes para terminar sin decir algo que pueda herir al otro, pero que al final suenan peor, por la indiferencia con la que son pronunciadas. 

A todos aquellos cobardes que han pronunciado esas palabras, les informo, que ya sabemos lo que significa, y que a estas alturas de nuestras vidas nos afecta tan poco como a ustedes. Así como con esas palabras ustedes avanzan al siguiente capítulo de sus vidas, nosotros también, aunque por no tener el corazón frío nos cueste un poco más de tiempo.

Entre los distintos tipos de cobardes, se encuentra por supuesto el tipo ambiguo, mejor dicho, el bisexual, pero no cualquier bisexual, sino el peor de todos; aquel que usa al hombre para el placer privado, y usa a una mujer para la aprobación pública, a la que a duras penas la toca en la intimidad, o mientras la penetra (analmente claro está) le toca pensar en un hombre para que no pierda la erección y la otra ilusa no se dé cuenta que al otro le gustan los hombres. 
A este cobarde, le informo, que todos sabemos quién es usted, excepto usted mismo, que se empecina en creer que los auténticos heterosexuales que lo rodean no son capaces de reconocer falacias cuando las ven.

A los queridos gays que se relacionan con este tipo de hombre, les sugiero que recapaciten, dejen de creer que todos los hombres que tocan se convertirán mágicamente en el hombre de sus vidas,  y dejen de creer que la conquista de un heterosexual es el fin último en la vida de un gay. La orientación sexual ajena se respeta, así como a ustedes no les gustaría que los convirtieran en heterosexuales. Cuesta mucho más conquistar a un tipo gay que es el paquete completo, al simple hecho de emborrachar, drogar, pagarle o rogarle a un heterosexual que se la deje mamar.

Ustedes nunca saldrán de la oscuridad, y nunca ocuparán el primer lugar en la vida de un hombre de ese estilo, aunque es totalmente respetable aquel hombre gay que por sus bajos estándares y alto conformismo, se contente con ser el segundón. Además, queridos gays, ustedes saben que la realidad dista mucho de la pornografía que ven. 
El “heterosexual” con el que se están acostando es más esa vaca muerta que se echa en la cama a que todo se lo hagan, hasta que se vienen y los dejan a ustedes insatisfechos con un orgasmo incompleto. Creo que ustedes pueden tener algo mejor que eso.

Otro tipo de cobarde, es el que por cuestiones familiares decide que uno no es suficiente, porque su familia no lo aprueba, porque no tiene el mismo estatus, o no es lo que creen que debería ser la persona que ellos merecen. 
Esta situación de las diferencias sociales es un fenómeno silencioso entre los gay. Si no eres “tanto” como el otro cree merecer, ese hombre nunca hará lo que por otro moriría hasta conseguirlo. ¡Despierten! todos los hombres gay tienen un interés, algunos lo tienen muy claro, que si no eres lo que ellos buscan, no importa cuánto te esfuerces, nunca serás suficiente. Y tengan cuidado, porque pueden terminar creyéndose el cuento e ignorar a quien si lo daría todo por ustedes.

El caso de aquel cobarde que me cambió por su religión, puede ser resumido de la siguiente forma. Cuando me involucré con él, sabía que había pertenecido a una secta religiosa. 
Lo que no supe sino hasta el final, por otros, fue que él desde muy temprana edad pertenecía a una familia religiosa, con una tradición muy arraigada, que haría imposible que un niño sin nada especial pudiera dar la batalla contra el amigo imaginario y una religión conocida por su lavado cerebral tan efectivo. 
Todo terminó en el caso típico, al cobarde se le despertó el espíritu santo y yo terminé reducido a un paria que sería olvidado e ignorado hasta el día de hoy. Seguramente aquel cobarde terminará casado, y con hijos. Repetirá seguramente la historia de tantos gays anónimos, que a sus cuarenta y cincuenta años le tocará conformarse con aventuras pasajeras con hombres que se conforman con ser el objeto de la satisfacción de un ser con represiones sexuales.

Entre otros cobardes, se encuentran los que tienen miedo de ser apedreados por coger de la mano a otro por la calle, o los que tienen miedo de que otros los chiflen si expresan su afecto besándose con otro hombre. Estos cobardes no saben dónde viven: en un país doble moralista donde la gente corriente solo es valiente en grupito, donde sus insultos monótonos ya no afectan ni al más recién salido del closet, y donde ya muchos heterosexuales no tienen los complejos que muchos gays se empeñan en mantener. 

No soy ignorante de que a los gays nos siguen matando, nos siguen acosando, nos siguen persiguiendo, y nos siguen reprobando. Pero eso solo existe por persistir en la costumbre de que las mayorías tienen la razón, de que las minorías deben guardar silencio y de que las mismas nunca pueden cambiar el mundo. Si quieren un mundo avanzado para “ser” con libertad, den un paso adelante primero, y el mundo avanzará con ustedes, cuando se decidan.

Otros cobardes son aquellos que nunca le expresaron a otro cuanto lo querían, cuanto lo deseaban. Y pueden haber miles de razones, cada uno de ustedes tendrá alguna para justificar el por qué desistieron de declarársele a alguien. Yo lo hice hace muchos años, y me costó no solo el rechazo del otro, sino la salida del closet por un error mío (tal vez lo contaré en un futuro), pero al menos lo intenté y aprendí una lección muy importante: Y es que no podemos estar con quienes no nos quieren, debemos estar con quienes sí.

No podemos seguir dándole más prioridad a las opiniones negativas de quienes no saben qué es lo mejor para cada una de nuestras vidas. No podemos seguir dándole prioridad a las amistades egoístas que no soportan la idea de vernos felices con otras personas que no sean ellos, yo lo aprendí en su momento con alguien que fue un gran amigo, y tal vez ustedes también ya aprendieron esa lección, pero otros no y ya es hora de que lo sepan.

Pero más que nada, no podemos seguir aplazando la oportunidad de ser quienes queremos ser. Mi declaración a todos aquellos cobardes, es que aunque les moleste todo lo que les digo, un día decidan dejar tantas fobias y complejos que otros abandonaron hace mucho tiempo y recuerden quienes fuimos los que los hicieron sentir lo que otros jamás podrán.

Reflexionando un poco en aquellos sueños que tuve, entiendo que es mi forma subconsciente de visitar el pasado con aquel personaje, sueños que a veces recrean mis peores miedos en las relaciones o que recrean lo que pude haber hecho si aquel cobarde me hubiera dado la oportunidad de hacer las cosas de forma distinta. No fue posible con él, pero seguramente será posible con alguien más…alguien que no tenga miedo de tomarme de la mano, de darme un beso, de decirme cuanto me quiere y demostrármelo, y de paso…al resto del mundo.

sábado, 18 de febrero de 2012

LO QUE CONTAMOS, Y LO QUE NO, DE NUESTRAS RELACIONES.


En estos últimos días he estado pensando en las relaciones que tenemos, las relaciones que contamos, y las que no contamos, como cuando alguien nos pregunta cuantas relaciones hemos tenido, y respondemos con el típico número: ¡el tres!. De las otras no hablamos, porque los gays manejamos dos tipos de cifras en nuestras relaciones, las cifras oficiales y las no oficiales.

Las relaciones que consideramos oficiales son de las que se entera todo el mundo. Las que no son oficiales son de las que nunca se entera la gente; ni siquiera los amigos más cercanos. Hay relaciones que por las condiciones inusuales en las que se gestan, aspectos como la distancia, o las diferencias en edad, la forma en que se conocieron por primera vez, los preconceptos de lo que consideramos ideal para asumir una relación, pero sobretodo la posible invalidación social de quienes ven con ojos ajenos esas relaciones, ponen en desequilibrio nuestras nociones de lo real o lo posible en una relación de pareja.

Pero debemos ser sinceros, ya no podemos creer que la relación perfecta es la que nace con dos personas que viven en un mismo barrio, que tienen la misma edad, los mismos antecedentes socio-culturales, las mismas aspiraciones, y las mismas condiciones económicas. Nosotros hemos diversificado el mundo, y con ello las relaciones han variado enormemente, a tal punto que apenas si tenemos idea de lo que nos gusta. Otros, ni siquiera lo saben.

En esa lucha entre lo que considero como una relación real o no, esto fue lo que me sucedió: 

Hace nueve meses, comencé una relación con alguien que había llegado a Colombia de otro país, a cumplir la promesa de un encuentro que habíamos acordado llevar a cabo. Estaríamos en una ciudad que tanto para él como para mí eran un poco desconocidas hasta ese momento, saldríamos a pasear por la ciudad, a disfrutar de cenas románticas, y a disfrutar de la intimidad entre dos extraños que sentían conocerse desde hace mucho tiempo. Cuando él partió de vuelta a su país, asumí que no lo volvería a ver, hasta cuando terminó volviendo, pero esta vez a mi ciudad, a Bucaramanga.

Cuando llegó, vivimos unos días comunes y corrientes, un tanto diferentes a esos días deslumbrantes de una ciudad cosmopolita de Colombia y tuve tiempo para experimentar lo que hace años no había podido: Hacer muchas cosas al lado de alguien que realmente quería, que realmente me gustaba, que realmente admiraba. En ese momento, decidí abandonar mi incredulidad que me había acompañado desde mi última relación, y creer que algo real se estaba gestando. Sin embargo las relaciones no son perfectas, ciertamente esta no lo fue. Y mientras pasaban los meses la relación se deterioró, el trato no era el mismo de los primeros meses, la distancia comenzó a pesarnos más, y las distracciones (otros tipos) comenzaron a aparecer de nuevo…

Las palabras, acciones, actitudes, o sensaciones que pueden hacer a una persona continuar a pesar de, o terminar una relación, varían en cada persona. Unos siguen con sus relaciones a pesar del maltrato verbal, otros siguen sus relaciones a pesar de la actitud de “soltero” del novio (mirones, coquetos con todo el mundo), algunos continúan sus relaciones a pesar de que terminen descubriendo que su novio no es exclusivo sexualmente, y otros simplemente, continúan sus relaciones a pesar de las dudas y las sospechas que nunca pueden confirmar de sus parejas. Algunos continúan relaciones que aunque no son emocionalmente satisfactorias para ellos, si lo son económica o socialmente.

Por otro lado, una persona puede decidir terminar la relación por las mismas razones: porque la persona que decía amarlo, lo ofendió verbalmente, o físicamente. Porque la sensación de desconfianza incrementada por la sensación de infidelidad o traición hizo imposible seguir pretendiendo que todo podía mejorar. Otros se cansan de depender económicamente de sus parejas y asumen el riesgo de seguir adelante ellos solos.

Pero estamos acostumbrados a aguantarnos todo. Nos aguantamos infidelidades, nos aguantamos el maltrato, nos aguantamos depender de lo que el otro diga o haga y que de acuerdo a eso actuamos. Nos aguantamos relaciones frías, pero le tenemos pavor a que nuestros amigos nos vean solos. Le tenemos pavor a la idea de no poder seguir pretendiendo tenerlo todo, le tenemos pavor a acabar con lo que no funciona y esforzarnos por construir algo mejor con otra persona distinta.

…En mi caso, creo que viví todo lo anterior que mencioné, bueno, excepto la violencia física (la ventaja de las relaciones a distancia). Me aguanté por un tiempo que él coqueteara con otros tipos, me aguanté insultos, y llegué a depender de lo que él hacía por mí. Pero después de unos meses de paz ficticia, comprobé con hechos que mientras decía quererme, quería a otros también. Por eso, tomé la decisión de terminar. Sé que no fui perfecto, porque también deseé otros hombres mientras estuve con él. Y creo que llega un momento en el que uno debe ser sincero y darse cuenta de lo de siempre: “Que esto no va para ningún lado”.

Y sin tener noción de la fecha que se aproximaba en ese lugar del mundo, terminé eso que llamé relación, días antes del famoso Día de San Valentín. No le presté atención a ese detalle, hasta esta mañana cuando llegó por correo una tarjeta, no sabía qué decir. -Es bonita-, pensé. En terciopelo y  cintas de encaje rojo, en el medio un corazón con una gema roja de plástico también en forma de corazón, y por dentro unas palabras. - Qué creativos se han vuelto en la industria de las tarjetas-, fue lo único que se me vino a la mente, y cuando leí lo que estaba escrito adentro, no sentí nada. ¿Decepción tal vez? Decepción porque al parecer los hombres con sus gestos simples pretenden conciliar el dolor con el olvido.

Al respecto, entendí algo nuevo: Cuando en nuestras vidas no hemos tenido grandes gestos de amor de otros hombres, cualquier gesto simple nos asombra. Pero no a mí. Sabiendo que mientras esa carta viajaba a mi casa, el otro estaba haciendo el papel de casanova con otros “amigos”…Y pensar que deseé algún día casarme con esa persona...

Sé que en la actualidad, el terminar y volver se ha convertido en un círculo vicioso, ya nadie termina una relación porque “uno nunca sabe”, pero como persona orgullosa que soy y un poco tradicional, con el hecho de terminar esa relación, le he dado un valor superior a dos cosas: mi dignidad y mi libertad. Sin embargo muchas veces las afectamos de manera negativa y no nos damos cuenta, solo nos percatamos de que existen, en momentos como este en los que presumimos estar más conscientes, donde hacemos promesas revolucionarias, libertarias…Hasta cuando llegue otro y dejemos que las pisotee. Pero por ahora mi dignidad y mi libertad están a salvo.

Cuando otro episodio de mi vida llega a su fin, no puedo evitar preguntarme acerca de lo que viene en el futuro. Sin embargo lo que me motiva es la idea de que siempre puede llegar alguien mejor. Esa idea me da optimismo, y cuando me sienta un poco mal,  para eso estará la canción  “I Will Survive” de Gloria Gaynor, pero sobre todo, espero que estén ahí mis amigos.

domingo, 27 de noviembre de 2011

LO QUE HACEMOS POR LOS HOMBRES.


Recuerdo, que hace muchos años, cuando ni siquiera usaba la palabra gay ni mucho menos sabía lo que significaba, conocí a un niño al que llamaremos Lucas. Lo conocí como a cualquier otro niño, en la interacción más simple que uno puede tener, pero que cuando  uno crece tiende a olvidar.

Fue en su fiesta de cumpleaños, y desde que lo vi me llamó la atención. Simplemente quería hablarle, hacerme notar, y solo recuerdo que por un incidente en su fiesta logré hablarle, creo que fue porque él se había agarrado a pelear con otro niño. Y yo, obviamente, me puse del lado de Lucas. Desde ese momento, así de simple, nos hicimos amigos.

Empecé a ir a su casa muchas veces. Admiraba sus juguetes, el olor de su cuarto, el aroma de su ropa colgada en el closet. Había algo que me parecía increíblemente atractivo en él, además que si lo pienso ahora, era un niño muy lindo,  al que se le formaban hoyuelos en sus mejillas cuando sonreía. A veces pensaba que quería ser como él, tan perfecto y a la vez tan sencillo. Recuerdo también que cada noche salía al balcón del apartamento cuando oía la camioneta de su papá y siempre esperaba verlo bajarse. Mientras relato esto, me sorprende que no haya podido ponerle un nombre a lo que sentía en ese momento. Solo sé que quería ser como él, para agradarle más, aún cuando sentía que era un rival al mismo tiempo, alguien que necesitaba superar.

Nunca lo hice, porque antes tuve qué mudarme de casa, y no lo volví a ver. hasta que un día, en una peluquería donde hombres de más de cincuenta años con sus nombres en placas metálicas en cada espejo cortaban el pelo y la barba de quienes iban, al mejor estilo de las barberías antiguas, lo vi sentado en una de las sillas, y sentí mucha emoción, especialmente cuando sonrió al reconocerme. ¡No podía creer que él fuera a la misma peluquería que yo! Así que cuando el peluquero-barbero me preguntó qué quería, le dije; “quiero el mismo corte que él”, señalando a Lucas mientras se iba.

Hoy me he puesto a pensar en lo que desde mucho tiempo atrás, a veces sin darnos cuenta, hemos hecho por querer ser como esos hombres que son atraen, esos hombres que anhelamos pero que sentimos muy por fuera de nuestro alcance. Lo que como hombres hacemos para agradar a otro, sin importar el esfuerzo que hagamos, y aún muchas veces frustrándonos cuando vemos que nuestras acciones no dan el resultado que esperábamos.

Por los hombres, hemos esperado más de media hora en una cita, a veces horas, para terminar recibiendo una llamada de que el otro no puede ir. Y aun así, no nos negamos a una cita en el futuro con el mismo que nos dejó plantados. Por los hombres hemos usado nuestro dinero de los gastos diarios, solo por querer invitar a otro a una cena o unos tragos y poder disfrutar de su compañía un momento, para terminar escuchando historias de sus ex novios y de por qué no quiere tener una relación con nadie por ahora. 

Por los hombres hemos silenciado las opiniones de amigos, familiares, y todo aquel que se pronuncie en contra de nuestra idea de relación perfecta con ese no tan perfecto personaje, ese que nos despierta pasiones bajas y que obnubila con sus encantos cualquier intento de mirada objetiva hacia él, sus verdaderas intenciones y el tipo de relación a la que podemos aspirar estando con él.

Por los hombres hemos prestado dinero que nunca ha vuelto a nuestras manos, y como me pasó recientemente, por un hombre me puse de detective para desenmascarar a un gay de closet que lo rechazó, y solo por agradarle, accedí a sacar información y una imagen del otro para decirle; “mira es alguien feo, Y es un idiota por haberte rechazado”.

Por los hombres hemos pasado tiempo pensando, ¿a dónde debo invitarlo? ¿Le gustará? Y si no le gusta ¿no me volverá a hablar jamás? ¿Creerá que soy un pobretón que no le puedo dar lo que se merece? Por ellos hemos esperado horas por la llamada que nos prometieron, y hemos pasado horas frente a un computador esperando que se conecte para poder hablar.

No podía faltar la duda más típica de todas, cuando queremos agradar a alguien por medio de nuestra apariencia ¿Qué me pongo? ¿Y si no le gusta cómo me visto? ¿Le gustaré menos si me visto como no se lo esperaba? Creo que alguna vez conté, cuando en una de mis malas citas, fui rechazado por haberme vestido muy bien, solo porque en mi mente estaba el querer vestirme para que el otro se deleitara, y lo que terminó haciendo fue descalificar mi inútil esfuerzo, especialmente cuando él no había hecho ninguno. Y yo terminé llamando a mis amigos para que me rescataran de ese fiasco de cita.

Llegamos a un punto en el que nos criticamos muy fuertemente porque no resultamos como otro quería, terminamos pensando que no somos suficientemente atractivos porque el otro nos ignora, o que no somos suficientemente interesantes porque el otro no responde a nuestras historias de vida. Nos hemos preocupado tanto por gustar, que prácticamente nos arrastramos por otro, a veces sin saber por qué, sin siquiera  tener certeza de lo que estamos haciendo para que el otro se fije en nosotros. Es como si tuviéramos qué hacer malabares solo para lograr tener un poco de su atención, para que luego terminen fijándose en otro que es mucho mejor que nosotros tanto físicamente como económicamente o socialmente.

Todo esto lo digo desde la perspectiva de alguien que ha sentido que tiene qué salir a buscar, porque sabe que no es como otros a los que todo les cae del cielo. Sé que ustedes han vivido estas y muchas otras situaciones similares. Y a veces pienso que hemos sido entrenados a pensar en forma negativa de nosotros, por eso creemos y le damos más importancia a las opiniones negativas que otros tienen, y son estas las que delinean muchas veces nuestra forma de actuar hacia los demás. Actuamos para gustar, para impresionar, para agradar a otros, aún cuando nos sentimos como los peores actores de ficción.

Pienso en esos animales de circo a los que entrenan para tener miedo, para ser sumisos frente a sus domadores, y no puedo evitar sentir cierta similitud entre esos animales y muchos de nosotros. Si no sabemos lo que somos, especialmente en esos años adolescentes cuando nuestras relaciones con los hombres pasan de simples miraditas y delirios sentimentales, a verdaderas interacciones en todos los sentidos, cualquiera puede hacernos creer que no somos atractivos, que no somos interesantes, que no somos agradables y que siempre, siempre, será el otro quien defina mi posición en una relación, quien defina cómo debo ser ante él, cómo debo comportarme en público o con sus amigos para que no se disguste conmigo.

La situación se torna tan paranoicamente desgastante, que terminamos explotando, y sé que muchos hemos tenido esas sensaciones liberadoras cuando decidimos romper con tanta falacia, con tanta dependencia, y con tanto hermetismo por pretender ser frente a otro, quien no somos.

Llega un punto en el que nos preguntamos ¿Por qué somos tan idiotas? ¿Por qué hicimos todo por ellos con las mejores intenciones y terminamos en la nada? ¿Por qué llegamos a convertirnos en alguien tan irreconocible que no podemos enfrentar en un espejo?

Afortunadamente de esas experiencias tan incómodas y hasta vergonzosas, uno aprende, uno deja de ser adolescente y en algo cambia nuestra forma de actuar. Especialmente cuando empezamos a conocer personas que reconocen lo valioso que tenemos y que dan lo que otros nunca dieron por uno. El cambio de referentes y una visión más positiva de nosotros generan un cambio en la balanza de poder. Ya no es el otro quien dicta cómo debo ser para agradarle. Ahora soy yo quien elijo a quien agradar. Y ya no espero a que otro reaccione después de las mil cosas que he hecho por demostrar mi atracción hacia él. Ahora yo doy el primer paso y si nada sucede, lo mejor es seguir adelante, al menos quedo con la certeza de que hice el intento, di lo suficiente y sencillamente, el otro…no era para mí.