jueves, 3 de junio de 2010

DE LA DIFERENCIA A LA INDIFERENCIA

Hace un buen tiempo quería hablarles de este tema, pensando en todos aquellos seres maravillosos que me han inspirado a hacerlo; los gay de closet.

Y no lo había hecho, porque muchos gay de closet son muy sensibles y pareciera que si uno dijera algo que no les gusta, ellos salen huyendo de vuelta a su closet, pero mi intención como hermano de cualquiera que sea gay (con algunas excepciones) no es lastimar, ni hacer sentir mal a ninguno de mis congéneres, ni mucho menos obligar a alguien a pensar como no puede o no quiere.

Y siendo conciente de un público tan crítico, quiero hacer el abordaje de un tema que todo gay ha manejado alguna vez en su vida: ¿Lo digo o no lo digo? ¿Para qué? ¿A quien le importa? ¿Qué efectos o implicaciones tiene en mí y en los demás? ¿Acaso cambia algo el hecho de decirlo?

Casi todos los gay se han quedado enfrascados alguna vez en la discusión respecto a lo oral en el hecho de ser gay. ¡Y después nos quejamos porque los psicólogos y psiquiatras hacen teorías de nosotros de una forma tan descontextualizada!
Pero el hecho es que nos quedamos varados ahí. Creemos que nuestra validación pública como gay se da cuando decimos (a los que queremos decirlo) lo que somos, o creemos que tenemos la validación de nuestra privacidad cuando no lo decimos a nadie, incluso cuando lo negamos dentro de nosotros mismos, en muchas ocasiones.

Pero decirlo, o no decirlo, se queda en los planos de lo oral. No va más allá. ¿Qué tal si fuéramos al plano de la acción que reside en el ser, sencillamente, en el sentir cotidianamente?

Entonces me preguntaba ¿Por qué en el contexto Latinoamericano y en cualquier contexto, los heterosexuales cuando se presentan no dicen “Hola soy Sergio, soy heterosexual, mucho gusto” mientras que los gay, si tenemos qué hacerlo en algún momento tarde o temprano de nuestra vida?
Y me di cuenta de algo; Que en la actualidad, decirlo, y serlo, abiertamente (particularmente), normalizadamente, es algo NECESARIO. ¿Y donde es Necesario?; En nuestro contexto Latinoamericano, especialmente.

Una autora, que dice algo interesante para este caso, es Florence Thomas y su consigna del Derecho a la Indiferencia: “En Colombia apenas se está buscando el derecho a la diferencia. En los países europeos la consigna es el derecho a la indiferencia, es decir que homosexuales y heterosexuales bailen juntos y no obligar a los primeros a vivir en guetos.”
Cuando ella habla de la indiferencia, no habla de un paso automático, o “mágico” del mundo en el que si tú eres de tal o cual forma, a nadie le importe y tú puedas vivir en paz porque nadie te fastidia la vida diciéndote nada respecto a lo que eres como ser humano.
No. Cuando se habla de la indiferencia en algunas sociedades (en este caso Florence anota a la sociedad europea) es porque estas han transcurrido en un acontecer histórico en el que sus mismos actores han hecho algo por llegar a esa etapa, después de haber construido entre ellos/ellas un sistema que les permitiera garantizar sus diferencias, y sin embargo, poder vivir indiferentemente.
Pero volviendo a nuestra realidad (y quedándonos en ella, sin escapar) Nosotros tenemos un camino que no hemos recorrido del todo para que algunos con la más grande apatía, se oculten del mundo, llegando, prácticamente a un proceso de exclusión, muy común en nuestro contexto, ya que si no es el mismo sistema el que te excluye como gay, son los heterosexuales, o son los mismos gay.

He llegado a una afirmación, que personalmente ya superé, pero que el sistema en general en el que vivimos, y muchos de los gay necesitan oír, porque no han llegado hasta allá. Y es que, SOLO PASANDO POR LA DIFERENCIA PODREMOS LLEGAR A LA INDIFERENCIA. Solo cuando entendamos lo que somos como ciudadanos, solo cuando no dejemos que otros impongan sus formas de vida, sus paradigmas mentales y sus reglas sociales respecto a lo bueno lo malo, lo “natural” o “antinatural”, lo “normal” y lo “anormal”, cuando nos demos cuenta que estamos existiendo también y somos parte de un todo, sabremos que, tanto haciendo u omitiendo lo que tenemos qué hacer para evolucionar como sociedad, contribuimos a que sigamos siendo algo indiferente, pero no en el sentido despreocupado del termino, sino en el sentido más excluyente, sentido el cual la sociedad LGBT de Latinoamérica ha tenido qué soportar hasta ahora.

Solo entonces, cuando empecemos a diferenciarnos en conjunto, ya sea pronunciándonos, o simplemente siendo, viviendo y sintiendo abiertamente, llegará un momento, en nuestra realidad, en que podamos recostarnos y descansar, y decir que no es necesario ser tan “evidentes”, porque ya habremos ganado el verdadero posicionamiento social. Y no me refiero solo al del gay que logra ser dueño de una empresa o del gay que llega a ser presidente de un país, sino un posicionamiento social, general, de todos y todas los gay, que como actores en un tiempo determinado, logremos garantizar una vida indiferente, sino que además, dejemos de aplazar el peso social de las generaciones de gay venideras, que lo que muchas veces están haciendo, es trivializar algo tan importante como lo es la orientación sexual.

No hay comentarios:

Publicar un comentario