HOMBRES ESPEJISMO
Ser gay, no es cuestión de manuales. Tampoco el estar gay. Hasta ellos tienen problemas lidiando con lo desconocido y la satisfacción de sus deseos ocultos a la sociedad. Al no tener manuales para ser y hacer “bien” lo que somos, muchos vamos por la vida de tropiezo en tropiezo.
Nuestra orientación sexual, que unos dicen que no afecta en nada nuestras vidas (o que no debería), que no es nada más importante que otras cosas, que no es algo que le importe a los demás, así como que llega a ser tan fundamental en la vida que no se puede desligar el ser homosexual de permear todo nuestro alrededor, es algo que está siempre presente, queramos ignorarlo o no.
Esta orientación sexual, percibida a veces tan errática, antinatural, patológica, no solo por la sociedad heterosexual, sino también por los gays con mentes heteronormativas que luchan por entenderse siempre mirando qué similitudes tienen con las parejas de películas hetero famosas, con las parejas de sus amigos hetero, o con su mamá y papá es lo que ha hecho que no entendamos lo que pasa realmente en nuestras vidas como homosexuales.
El ver todo con mirada de hetero en nuestras relaciones, es lo que no nos ha permitido descubrir por qué las cosas duran tan poco, el por qué ya no celebramos aniversarios, sino mesaversarios, que es para mí la creación post-moderna de la humanidad en las relaciones de todo tipo, donde cada mes debe celebrarse, como una meta arduamente alcanzada “uff, al fin llegamos al mes siguiente”, claro, esto expresado en palabras más bonitas.
Y no es que le esté echando la culpa de todos nuestros errores a los heterosexuales, ya bastante agua sucia le hecho cotidianamente a muchos de los productos culturales de la sociedad fabricada con la visión binaria Hombre-Mujer (exclusivamente).
Es más, si sigo criticando a los heteros, probablemente los gays-hetero dejen de leerme. Además, ya en este mundo se habla hasta hartar de lo heterosexual, por eso es que me gusta concentrarme en hablar de mi, de nosotros mismos, los homosexuales.
Y cuando se trata de hablar de homosexuales, en nuestro pequeño universo, hay algo, de tantas cosas (la lista es larga), que especialmente es una constante en nuestras relaciones. Es algo que durante mucho tiempo me ha molestado, y que seguramente a muchos de ustedes también. A estas molestias, les bauticé hace años, como “Los Hombres Espejismo”, hombres que parecen algo, que no son en realidad. Islas de agua en un desierto, que se transforman cuando uno se acerca, en arena movediza que se traga a los ingenuos gays, en especial a los que empiezan y hasta a los que van bien adelante en la carrera.
Cuando uno recién conoce a alguien, en cualquier lugar donde ustedes han conocido a algún gay que les parezca especial, todo parece perfecto, excepto para los desconfiados, si es que no nos volvimos todos así ya.
Todo parece perfecto; hombre soltero, con la edad que nos gusta. No fuma para los que no les gusta alguien fumador, no es alcohólico para los que no gustan de tomar mucho licor. Trabaja arduamente, o está apunto de graduarse y tiene un futuro promisorio y envidiable. Y que no falte, lo tiene grande. Es 100% gay, sin duda alguna. Perfectos amigos, perfecta familia, casa perfecta. (Si es que llegamos a conocer las tres anteriores, que en la actualidad parece mucho pedir). No podemos creerlo, y algunos no sentimos un poco mal, como muy poca cosa para semejante “príncipe”, aún cuando en Latinoamérica no exista la Realeza, solo capitalistas en asenso, a veces mezquinos.
Dos semanas después, por poner un ejemplo, el que era fumador se convierte en una chimenea fastidiosa para los no fumadores, la imagen del papá alcohólico o el miedo de tener qué cuidar a un enfermo de cáncer de hígado se activa al ver al que no se tomaba una cerveza, tomarse un litro de aguardiente, y vomitarlo, por supuesto.
El que era estudiante a punto de graduarse, en realidad va en la mitad de la carrera, canceló semestre, y está desempleado, lo mantienen sus papás.
El “súper dotado” termina la fiesta antes de empezarla, o al menos cuando uno empieza apenas a emocionarse.
El soltero, termina siendo un casado, y con hijos. No era hecho 100% gay original, solo era una copia, un bisexual que además de no considerar su bisexualidad como algo legítimo, cree que por ser bisexual debe tener relaciones simultaneas en las que ninguna de las dos puede satisfacer como él quisiera del todo, porque mientras a una la usa para los eventos sociales, al otro lo usa para los eventos sexuales.
Nada era como pensábamos que era. Algunos duran engañados por el tiempo que el Hombre Espejismo tenga la habilidad de mantener la farsa. Duramos engañados por el tiempo en que pensamos que todo es color de rosa, debido a que cuando iniciamos algo después de tantos desengaños, seguimos pensando que el primero que aparece, es el que se quedará permanentemente. Y ya lo hemos comprobado; No resulta así. Y si resulta, es porque otro solo se está compadeciendo de nosotros, y nosotros dejamos que lo haga.
Los Hombres Espejismo abundan, no solo entre los gays, eso es claro, pero entre nosotros la situación es más peligrosa, porque ser gay no es cuestión de recetas, aunque sabemos que entre los gays se han dictado pautas de conducta en la que la repetición parece ser lo “normal” y “correcto”, más allá de una verdadera guía para no perdernos por el camino, a veces tan empedrado que muchos gays transitamos.
Desde el que dice una edad que no tiene para ser aceptado o tolerado, hasta el que establece relaciones simultáneas en ámbitos completamente separados de su realidad cotidiana, todos estos personajes son el malestar constante que ha saboteado a muchos de nosotros y nuestras relaciones.
Y sabemos que tal vez, en algún momento hemos aparentado algo, por muchas razones. Entonces, no puedo evitar preguntarme ¿por qué seguimos aparentado algo o alguien que no somos?
Para mí, tiene una relación directa con la idea de que por ser gays, debemos ser “perfectos”. Perfectos como esa sociedad heteronormativa que tanto cito, nos ha dicho. El ser diferentes, nos “obliga” a que debemos ser similares a otros, para que así nos entiendan, cuando en realidad, lo que hacemos es replicar los modelos trasnochados y tóxicos que no han funcionado ni siquiera en los heteros (el matrimonio religioso, por ejemplo).
Toda esta situación no es solo cuestión de apariencias. Sería un desperdicio de mis palabras reducir la situación a ese aspecto. De lo que hablo, es que muchos hemos sido engañados por mucho tiempo: Personalmente, y esto es algo que me cuesta mucho revelar, yo también he sido engañado por un Espejismo. No solo por parte de ese personaje, sino por mi mismo. Por creer algo respecto a él que no es, y que nunca fue, y que dejó de ser cuando nuestras vidas se separaron, si no es que siempre tuvimos esa distancia característica de dos personas que no se conocen en realidad. Es por ello que desconfío tanto en los títulos; “hombre hetero”, “gay”, “bisexual”, porque a veces no sabemos si el otro es como dice ser.
Una pregunta que me hago, dado que no tenemos un manual de “Cómo Ser Gay” es ¿Cómo reconocer a los Hombres Espejismo? y ¿Cómo evitarlos? Si con preguntas no se conoce a una persona, porque preguntar no significa recibir respuestas, y menos de alguien que no entiende que el ser claro con otro es ahorrarse miles de dramas, problemas y desengaños.
Podría decir que uno es capaz de reconocer a una farsa, cuando la experiencia que uno ha tenido al tratar con otros hombres en distintos ámbitos de la vida, lo provee de la intuición para develar verdades a medias, o mentiras completas. Es como cuando uno aprende a reconocer billetes falsos; se logra palpándolos.
Lo gracioso del caso, es que, como decía una querida amiga: uno nunca termina de conocer del todo a alguien. Y menos se logra, cuando no sabemos quienes somos nosotros mismos, si no entendemos nuestra homosexualidad, ni entendemos las dinámicas de nuestras relaciones homosexuales.
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