HOMOSEXUALIDAD PRIVATIZADA
Hace un tiempo atrás, los gay no podíamos pensar en afiliar a nuestra pareja al régimen de salud. Hace un tiempo atrás, los gay no podíamos pensar en tener derechos patrimoniales en pareja. Hace tiempo atrás, los gay no podíamos pensar en unirnos en matrimonio.
En el tiempo de ahora, en el que lo anterior ya es posible, no puedo evitar preguntarme, ¿con eso ya nos podemos sentir libres e iguales?
¿Qué diría un gay nacido en los años cuarenta si pudiera apreciar completamente el estado actual de los derechos que tienes las personas gay? ¿Estaría impresionado?, ¿le parecería un milagro?, ¿se sentiría más orgulloso de ser gay? Yo creo que si.
¿Qué es lo que realmente sentimos respecto al estado actual de los derechos que tenemos (algunos dirían “gozamos”)? ¿Son suficientes? ¿Los sentimos realmente nuestros? ¿Nos hemos apropiado plenamente de ellos? ¿Nos sentimos sujetos de derechos? ¿Sabemos si quiera cuales son nuestros derechos como ciudadanos gays?
Esos han sido cuestionamientos que he tenido durante al menos tres años, debido a que he podido observar que muchos gays aún nos restringimos en muchos sentidos, aún a pesar de los avances de la ley, y de los mismos avances culturales e históricos.
Aún tememos ante la idea de perder nuestro trabajo por ser gay. Aún en el ámbito militar o policial aunque no penalizan o se usa como causal de expulsión el hecho de ser gay, se maneja una cultura de presión para que los gay no sientan, piensen o actúen en libertad, y no me refiero solo al poder tener relaciones sexuales con otros hombres, porque de hecho eso ya sucede. Me refiero a la expresión libre y tranquila de la orientación sexual como identidad que está compuesta por muchos aspectos que van mucho más allá de lo que sucede en la intimidad de cada persona.
En el mundo hay millones de gays, y estamos ubicados en todos los lugares. El gay pobre, el gay con dinero de sobra, el gay de ciudad, el gay de pueblo, el gay adulto, el gay joven, el gay estudiante, el gay profesional, y todas las combinaciones que se les ocurran.
Si es así, ¿por qué nos hemos dejado ganar de los heterosexuales cuando intentan hacernos quedar atrás, cuando nos quieren humillar o hacer sentir que somos menos que ellos, cuando quieren todo el mundo para ellos?, ¿por qué nos vemos opacados por la sombra de la imagen heterosexual que se proyecta por encima de nosotros?.
Si al igual que los heteros, los gay estamos presentes en el mundo, ¿por qué lo que muchos llaman “la sociedad ignorante-machista” pareciera que siguiera permanentemente erigida, obstaculizando el camino de las personas que son distintas a la norma sexo-género? ¿Será que tal vez nuestra homosexualidad se está quedando privatizada? ¿El mundo del gay solo existe en la cama y en el bar gay? ¿Los gay no votan, no pagan impuestos al estado, no son útiles al sistema económico?
En la vida de pareja, ¿por qué no tenemos la misma tranquilidad que si tienen los heterosexuales de agarrar la mano, de dar un beso a su pareja? ¿Ni siquiera la excusa del amor es suficiente para hacer lo que se siente hacer?
Muchos dicen que si estuvieran en Europa serían felices ya que podrían Ser sin tapujos, sin pensar en el qué dirán. Pero eso me suena como la vieja historia de la colonización, en la que cuando éramos de tradiciones indígenas que se perdieron y que no volverán, llegaron unos desconocidos a “regalarnos” todo un sistema de creencias, modos de ser etc. Si muchos de los productos que consumimos diariamente en Latinoamérica son importados, ¿también estamos esperando a que nos importen la solución social de la homofobia, o la solución a la discriminación cotidiana?
Como sucede en la moda, si en Europa algo se vuelve tendencia, y en este continente continúa y se desgasta la tendencia ¿tiene qué pasar lo mismo con nuestra forma de sentir? No creo.
Para los que aún se preguntan por qué la sociedad es como es con nosotros, por qué somos muchas veces sinónimo de payaso de carnaval, por qué a un bar le llamamos “refugio”, por qué no damos todo el afecto que quisiéramos dar a nuestra pareja en público cuando otros si pueden, por qué seguimos siendo vistos como un error de corta permanencia, es porque Nosotros mismos, desde nuestro actuar individual o conjunto nos hemos dejado minimizar y mal entender, es porque desde cada uno de nosotros, seguimos creyendo que ser gay es gritarlo a los cuatro vientos, en vez de pensar que es simplemente Ser, solo Ser. ¿O acaso han visto a algún hetero que al presentarse antes ustedes les diga: Yo soy Pepito Pérez y soy heterosexual?
El mundo y la sociedad machista de la que muchos se lamentan y temen, es así porque nuestra contraparte ha sido muy débil, porque el hecho de ser gay lo sentimos tan afuera de nosotros, que no sabemos en qué pensar cuando queremos hablar de cosas comunes que se salen del consumismo y la actividad sexual, porque nos tiembla la voz o porque caminamos con la cabeza agachada a no ser que sea para mirar a un tipo que sea atractivo.
El mundo de los seres humanos es mucho más amplio de lo que los gays hemos llegado a experimentar, pero si creemos que la “discreción” es mejor que la libre acción como ser humano, el mundo nunca se enterará quienes somos realmente como Orientación Sexual Diferente.
Seguramente pensarán que si uno dice esas cosas es porque uno es desempleado, no estudia, no tiene familia ni amigos, por lo que el hablar y hablar de uno mismo es tan fácil, que uno se convierte en la ufanía gay, insoportable para los que no lo pueden ser. Algunos dirían que esta loca afortunadísima no sabe de los pesares del mundo y lo arduo que es vivir entre una manada de heteros entre bromas simplonas y fiestitas hetero-exclusivistas que hacen los del lugar de trabajo.
Tal vez no he vivido muchas cosas de frente, y tal vez no he explorado muchos lugares de la vida cotidiana de las personas, pero los lugares que he recorrido, la gente que he tenido que enfrentar, la gente con la que he podido dialogar y de la que he podido aprender, me han llevado a pensar que queda mucho por hacer, pero que también hay mucho por aprovechar de la vida de ahora. Y con eso no me refiero a que la buena noticia es que podemos tener todo el sexo que queramos, porque eso ya lo tenemos, sino que me refiero a que, sin intenciones hegemónicas, podemos pensar, sentir y actuar de forma pública y no privatizada, porque como hombres vinimos a este mundo a vivir el mundo completamente, sin que ningún heterosexual egoísta nos diga como debemos o no debemos sentir.
Pero al final, la gran parte de nuestra propia evolución, dependerá solo de nosotros mismos, de nuestro pequeño/gran esfuerzo.
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