EL ULTIMO SOLTERO
Ni siquiera por el hecho de ser gay nos salvamos de la constante presión a estar en pareja. Parece que en realidad los gays no somos nada fuera de lo común. Al igual que los heterosexuales, también los gays piensan casarse vestidos de blanco, en una iglesia, y tener hijos, como última meta social. De esto hablaré en otro momento.
No es que el hecho de tener pareja sea algo aburridor y anacrónico a la actualidad, pero lo es cuando, como he dicho antes, tu pareja no baila en un mismo ritmo.
Y tampoco, en muchas ciudades, el hecho de ser soltero es, formalmente, una opción para disfrutar. De ahí es que considero que nos separamos en tres grupos en los que vivimos nuestra individualidad: estar solo, ser solitario, o ser soltero.
Estar solo es una decisión que muchas veces uno toma para que nadie te moleste la vida. Te cansaste del drama y el control de tu ex pareja y has decidido darte tu tiempo, disfrutar de ti y criticar a otras parejas. Estar solo hace que no quieras probar el mismo plato dos veces, como forma de sentirse desprendido, “superior” a la dependencia sexual o sentimental con otros hombres. La idea de estar solo es recuperar autonomía, autenticidad, dejar atrás los “caracteres adquiridos” con tu ex pareja. Estar solo es, a final de cuentas ser tu mismo y nada más importa.
Ser solitario a mi modo de ver, es el resultado de estar solo por mucho tiempo, al punto de que te conviertes en una isla humana. Te interesa poco establecer relaciones y la libido que te despiertan los hombres, no la gastas con ellos, sino contigo, en tu cama o en el baño, solo. Encontramos al típico chico tosco que no quiere nada con nadie y que siente que por haber perdido contacto con la humanidad, es superior a ella. Los religiosos son un buen ejemplo de estos personajes. Es a mi modo de ver, el estado crónico de lo que alguna vez fue alguien que amó demasiado pero las circunstancias lo desenamoraron y lo convirtieron en un ser exclusor del afecto.
Ser soltero, es la opción más dinámica de las tres. Puedes salir a donde quieras porque eres libre y no sientes la necesidad de apartar a alguien que se quiera acercar mucho, porque eso significaría dejar de disfrutar lo mejor que hay cuando se es soltero: Sexo a la Carte.
Ser soltero también tiene implícita la idea de que se es soltero porque no se tiene novio, pero se quiere tener. Es algo así como las promociones que no pueden durar mucho, porque serían una perdida. Y les comentaré por qué se cree que ser soltero por mucho tiempo es sinónimo de ridiculez social, o todo un fenómeno asombroso, como lo expresan aquellas frases de cajón; “¿Cómo alguien tan lindo puede estar soltero?”.
Primero que todo, aunque existen los espacio sociales para disfrutar de la soltería (los bares y discotecas principalmente) uno siente que no puede disfrutar de ello por mucho tiempo. Para los hombres gay, estar soltero parece ser un lujo que no se puede costear por mucho tiempo.
Arribar a un bar una vez, solo, se convierte en algo liberador para alguien que solo sale si va con sus amigos o su novio, cuando lo tiene. Algo que en la actualidad se considera “tener mucha personalidad”. Pero al hacerlo más de dos veces, como lo he hecho, uno empieza a notar ciertas miradas de extrañeza por parte del Bartender, y uno empieza a ver que los hombres maduritos te consideran su presa de la noche.
Dejé de salir solo hasta que no existieran las condiciones culturales para hacerlo, principalmente que exista indiferencia por esos actos. Y porque además, cada vez que salí solo, las personas que veía en la barra y que estaban solos, eran únicamente hombres mayores de treinta y cinco años con toda seguridad, o gente que por su afición al alcohol, prefiere estar cerca al dispensador de su placer, y yo no quisiera parecerme en un futuro a ellos.
Segundo, en la actualidad no hay gente real y completamente soltera. La presión por verse socialmente acompañado nos obliga a tener novio así sea solo de título, y ser soltero cuando queramos tener sexo sin repetir.
Uno puede aguantarse a persona con problemas para comprometerse, pero no a personas comprometidas, aunque entre hombres, eso parece tampoco ser problema. Entre hombres, ser el segundón, no tiene mucha relevancia.
Sucede que uno tiene pareja, pero quisieras estar soltero, porque al fin y al cabo llevas el mismo comportamiento teniendo novio que estando soltero. Tienes novio y preciso llega un chico que te encanta, su forma de pensar, su físico, él te dice cuando le gustas y tu le sigues la corriente al coqueteo. Aunque sabes que tienes pareja, piensas que tal vez si está lejos no cuenta como tu novio, pero luego te das cuenta que el otro también tenía pareja, y el coqueteo se acaba. Y sigues con tu novio, como si nada.
Ser soltero es entonces una especie en vía de falsificación. No existen solteros 100% hechos de material original. Siempre tienen algo guardado, no están a nuestro alcance, o no nos parecen atractivos, etc.
Tercero, aunque ser soltero es una cuestión de opción, tener novio también es cuestión de opciones. Y no siempre estoy seguro de haber escogido bien. Hace unos días compré unos zapatos para mi mamá y pensé; “estoy seguro de haber escogido los zapatos correctos para ella, pero ¿se puede estar seguro de haber escogido al novio correcto?” Entonces dudas, y con las dudas dejas las opciones abiertas dentro de un título de opción única.
Finalmente, pienso que al igual que ser abiertamente gay es de valientes, ser gay y soltero completamente se convierte en un acto de valentía. Pero uno sigue manteniendo híbridos en sus relaciones; soltero para unas cosas, con novio para otras. Y muchos hemos pasado por esas situaciones y hemos tomado nuestras decisiones, ya sea dejar de tener novio para estar libres, o seguir con nuestro novio porque las aventuras paralelas terminan no valiendo la pena, y aunque juegas con fuego, sabes que este no te quema.
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